Más de 100.000 personas al año atestiguan el éxito del recinto de Vigozoo, que en los últimos años ha sufrido una renovación continua de las instalaciones. El detonante de las obras fue la entrada en vigor en noviembre del 2001 de una normativa europea respecto a los recintos que albergan animales. Las continuas críticas de las asociaciones ecologistas tuvieron entonces un eco continental y el gobierno local empezó a buscar financiación para hacer frente a la puesta en semilibertad de las más de sesenta especies que vivían en las jaulas.
Desde las agrupaciones se llegaron a cifrar en dos mil millones de las antiguas pesetas el gasto necesario para acondicionar el recinto o el cierre directo para preservar el buen estado de los animales enviándolos a otros zoológicos.
Desde entonces el goteo de millones ha sido continuo para evitar la desaparición del único centro de estas características que existe en Galicia. Los primeros beneficiados de los trabajos de mejora fueron los osos y los felinos, en cuyas áreas se invirtieron cerca de 300 millones entre lo aportado por la Diputación de Pontevedra y las arcas municipales.