No llevan el paso de la Legión, pero son legión. Son miles y llenaban las calles de la ciudad a lo largo de cientos de metros. Improvisada o no la convocatoria, los que participaron ayer en la protesta del naval, salieron con lo puesto del puesto de trabajo: con las fundas, los cascos o las gafas de protección, al margen de botas, guantes o protectores. Arrancaron en Beiramar y allí ya se empezó a originar un caos circulatorio. Para muchos de los cientos, o incluso miles, de automovilistas que quedaron atrapados por el caos, el bloqueo duró al menos una hora. Para otros solo fueron unos segundos. Un dato: una caravana de coches llegaba desde la glorieta próxima al astillero H.J. Barreras hasta el túnel de Beiramar, incluso hasta la zona de Montero Ríos.
Entre tanto, unos usaban el claxon de los camiones, los que menos, para saludar la convocatoria y la acción de los trabajadores, que marcharon pacíficamente en todo momento. La mayoría, aunque tampoco muchos, usaban la bocina como medida de protesta ante lo que iba a suponer un clamoroso retraso en sus horarios: las citas arruinadas. Lo cierto es que ningún policía nacional vigilaba. Ni uno. Los agentes de la policía local, por el contrario, aunque en pequeño número, se vieron desbordados ante la masa humana que se aproximaba al centro de la ciudad. La huelga de la basura acaparaba todos los efectivos locales.
Mientras intentan ajustar las velas de su nuevo convenio colectivo, los obreros del naval siguen siendo la vanguardia de las reivindicaciones laborales. Pero quizá en este momento, a primera vista, su postura sea más difícil de entender: una subida del 6%, cuando el IPC está en número negativos, en tanto que la mayoría tendrá trabajo como mínimo hasta finales del año 2010, pero pueden ser una válvula de regulación de las tensiones laborales y los miles de descontentos que hay en este momento en toda Galicia.
Los viandantes desconocían en su mayoría quiénes eran y por qué protestaban. El desfile de los trabajadores por García Barbón, así como la avenida de Beiramar, Montero Ríos y Concepción Arenal, además de Urzaiz y Gran Vía, plaza de España, para bajar por Celso Emilio Ferreiro acabó en el Concello, aunque muchos se habían orillado metros antes de llegar a la zona de reunión.