Dice que, por el hecho de ser colombina, la obligan a pasar más controles en los aeropuertos, cuando viaja a Cali
31 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Es como si cometiese dos pecados originales. Uno, como cantaba Charles Aznavour, «el más bueno y el peor, por el hecho de nacer ya es pecador». El otro, porque vivió en Cali (Colombia). Y eso es un estigma para cualquiera que pase un control policial en un aeropuerto. Porque se trata de una ciudad que tiene un mal cartel para ciertas sustancias prohibidas y perseguidas. Alexandra Angulo Angulo (39 años) puede dar fe de ello. Aunque nació en Puerto Asís, de Putumayo (Colombia). Lleva cuatro años residiendo en Vigo. «En el último viaje que hice a Cali, cuando ya estaba sentada en el avión y a punto de despegar en el aeropuerto de Barajas, llegó un policía a mi asiento y me pidió que bajase para revisar mis maletas. Me llevaron a cuartito y se las abrí. No encontraron nada, como era lo normal, y me pidieron disculpas», explica.
Pero la hicieron sentir muy mal. «Me trataron como si, por el hecho de ser colombiana, ya tuviese algo que ver con las drogas. La inmensa mayoría de los colombianos somos gente honrada, que viene aquí a trabajar», puntualiza. Dice que cada año suele hacer un viaje a su país para ver a sus hermanos y sobrinos. Los padres ya le han fallecido.
En su país trabajó en un almacén de ropa y también tenía una peluquería propia. Pero decidió emprender el camino de la emigración, animada por una amiga que había recalado en Vigo. Una cuñada de esa amiga le hizo un contrato para trabajar en el servicio doméstico. Pero un mes después, Alexandra Angulo tuvo que buscarse la vida. Terminó lavando platos en la cocina de un famoso restaurante vigués. Luego, encontró empleo en una cervecería y consiguió llegar a jefa de cocina. «Aprendí a hacer el caldo gallego y hago un cocido riquísimo», afirma. Ahora trabaja de camarera y cocinera en una cafetería.
Alexandra tiene un hijo y lo trajo a vivir a Vigo. Hoy día está enrolado en el Ejército. Es un soldado más en el cuartel de Figueirido. También reclamó a una hermana y está trabajando aquí.
Intentó sin éxito que le convalidaran los estudios que hizo de peluquería. Es una ocupación que no descarta para el futuro. Incluso anticipa que le gustaría regresar algún día a su ciudad de Cali para establecerse allí. «Es algo que añoro, porque mi sueño sería montar un moderna peluquería en Colombia», manifiesta. «Me gusta mucho hacer los alisados del cabello para la gente de mi color», añade.