«Me decían que 'fora facer o caldo' y les respondía que 'xa o deixara feito'»

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Dice que es un trabajo sacrificado porque hay que estar doce horas diarias al volante. Además desde hace un año sus beneficios se redujeron al 50%, debido a la crisis

23 mar 2009 . Actualizado a las 12:37 h.

Xulio Vázquez Siempre está libre u ocupada. Da más vueltas por la ciudad que una peonza. La pueden citar en cualquier momento como si fuese un número. Hace la carrera y de nuevo a otra parada. Lleva veinte años al volante de un taxi. Es el 485. Pero tiene un nombre: Adelia Ferrón Feijoo (60 años). Fue de las pioneras en Vigo en este oficio. Y está dispuesta a continuar hasta la jubilación. Le encanta ir al volante y detesta tocar el pito. No lo tuvo fácil simplemente por ser mujer. «Me decían al verme pasar que 'fora facer o caldo' y les respondía que 'xa o deixara feito'», afirma como si acabase de superar su prueba de fuego. -¿Le resultó fácil sacar el carné de conducir? -Aprobé todo a la primera. Además pasé cuatro exámenes para obtener el C-1, por lo que podría conducir camiones. -¿Por qué se metió taxista? -Fue para ayudar a mi marido, porque él era taxista. Llegamos a tener dos coches; uno denominado de garaje. No tenía taxímetro y se contaban los kilómetros para la tarifa. -¿Es muy sacrificado? -Hay que estar doce horas al volante todos los días. Lo saben bien mis cervicales, mi vista, mi columna vertebral... -¿Y de parada en parada como si fuese el juego de la oca? -(Risas). Si hago una carrera a Balaídos, me quedo en esa parada. Siempre buscando la más cercana y que no esté llena de taxis, porque es preciso ponerse a la cola. -¿Usted en Vigo no se pierde? -Después de veinte años recorriendo todas las calles... (Sonríe). Aunque surgen muchas nuevas. -¿Las habrá aprendido todas de memoria? -Sí, porque también aprobé a la primera el examen en el Concello. Era la única mujer. Cuando salí con el taxi solo había tres que ya estaban trabajando en esto. Pronto seré la más veterana, porque solo queda una del año 1989 y está a punto de jubilarse. -¿La calle más dificultosa? -En este momento la de Policarpo Sanz, debido a las obras. -¿Vigo sigue siendo una ratonera para los atascos? -Ahora hay muchos accesos. Sin embargo, en vez de hacer tantos párkings, hubiese preferido túneles para circular. -¿Qué tal se portaban los compañeros de profesión? -Al principio alguno hasta me perseguía para amedrentarme. Pero supimos defender nuestros derechos. Hoy día ya nos respetan muchos. -¿Cuál es su horario? -Es desde las 7 hasta las 19.00 horas. Aunque, si tuviese que hacerlo de noche, también lo haría. -¿Cómo está el negocio? -Bajó mucho. Hago las mismas horas que hace un año y estoy recaudando justo la mitad. -¿Rehusó llevar a alguien? -Sí, a un cliente. Fue por culpa de 5 pesetas, porque presumía de que tenía un chalé y decía que las mujeres deberían estar en casa. Luego a la hora de pagarme me dio 5 pesetas de menos y me dijo que me llegaban bien. -Pero ustedes hacen como los bancos, ya cobran por entrar. -(Risas). No. Lo que ocurre es que la tarifa mínima es de 3,4 euros. -¿Nunca se le han escapado sin pagar? -Sí, algunos gamberros, pero no corrí tras ellos. -¿Cuál fue su carrera más larga? -Un viaje a Madrid con el maletero lleno de ostras. Eran regalos de Navidad.

-¿Con el taxímetro no se puede hacer trampa?

-(Risas). No. Además está controlado por la ITV. -¿Siempre ha ido de blanco? -Ya tuve un taxi negro. -¿Los amarillos de Nueva York? -No me gustan. -¿Y Taxi driver? -Una buena película, protagonizada por Robert De Niro. -¿No le volverá loca la ciudad? -No. Tengo mucha tranquilidad al volante. -¿Le han puesto alguna multa? -Una vez, pero recurrí y me la perdonaron, porque era injusta. -¿Suele hablar con los clientes? -Sí, soy muy charlatana. También les pongo buena música. -¿Se olvidan cosas? -De todo, pero las devolvemos. -Compartirán el carril con las motos. -Me parece bien. -¿Nunca tuvo la tentación de darle a alguien más vueltas que a un mono? -Jamás haría eso.