Solo dos parados (dos hombres de entre 35 y 40 años) aprovecharon la oferta lanzada ayer por el restaurante chino Shanghai, el más antiguo de Vigo, que puso a disposición de los parados un menú gratuito para llevar a casa.
Los que no se dignaron en pasar por el local de la exclusiva plaza de Compostela se quedaron sin probar el arroz tres delicias o los tallarines con pollo preparados con todo el esmero y acompañados por un botellín de agua. Claro que como la comida se hace en el momento, la escasa respuesta no supuso ningún problema para Yvonne y Perry, propietarios del establecimiento desde hace más de un cuarto de siglo.
La única condición que ponen a sus clientes es que presenten la cartilla del paro y el DNI. El resto corre por su cuenta. Sospechan que el motivo de no tener mucha afluencia no es precisamente que la gente no lo necesite con los tiempos que corren, sino por ser ayer el primer día o porque a algunas personas les da reparo. «Puede que el próximo martes venga más gente», comenta esperanzada Yvonne. Está en todo. Como, por ejemplo, en poner alimentos básicos como el pollo, porque hay personas que no comen cerdo y tendrían problemas.
La oferta se mantendrá todos los martes hasta el 14 de abril entre las 13.30 y las 15.30 horas. Su intención es ayudar a la gente que está pasando un mal momento por la dificultad para encontrar empleo.
Esta no es la única iniciativa puesta en marcha en Vigo para mitigar las consecuencias de la crisis. Con anterioridad la cafetería Moka, también en pleno centro de la ciudad, ya incluyó un menú anticrisis en su carta. En la actualidad se repite una o dos veces al mes. Por dos euros los clientes tienen derecho a dos platos y postre.
Sus propietarios, una alemana y un catalán, han tenido que inventar todo tipo de ofertas y combinaciones para sobrevivir a lo que les venía encima.
Apenas tomaron las riendas del negocio, hace menos de un año, comenzaron las obras de un aparcamiento subterráneo en la misma puerta del local y quedaron prácticamente aislados. Fue entonces cuando Jordi Asensi y Gabriela Elisabeth tuvieron que elegir entre hundirse en la miseria o salir a flote a base de imaginación. Ha sido esta última la que les ha permitido salir adelante y, de paso, ayudar a aquellos que, como ellos, pasan por una mala racha.