Un joven peruano se lesionó jugando al fútbol y tuvo que dejar sus estudios de mecánico, y ahora está buscando empleo
17 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Quiere invertir el orden de sus apellidos. Y lo hace por amor a su madre. Paulo César Cachay Reategui (20 años) nació en Tarapoto, un pueblo selvático de la provincia de San Martín (Perú). El motivo no es otro que el de repudio hacia su padre, porque los abandonó cuando él tenía cuatro años. Reategui es de descendencia vasca y de ahí procedía algún tatarabuelo de su madre. Ya hizo los trámites en el juzgado y muy pronto ese será su primer apellido. Llegó a Vigo por reagrupación familiar.
Hizo estudios equivalentes a la ESO en su país. Además de ir a clases, también le ayudaba a su hermano mayor en una planta de agua, envasándola en botellas, para luego venderla. Dice que cuando puede le envía algo de dinero, porque en su país los sueldos son muy pequeños.
Su madre vino a Vigo hace diez años, mediante un contrato de trabajo. Se dedicaba a la venta de fruta, pero ganaba muy poco dinero, por lo que decidió emigrar. «Enviaron desde España una solicitud de trabajo y ella se presentó. Tuvo la suerte de que la eligiesen. Se trataba de cuidar a una señora mayor . Pero falleció y ahora está empleada en un restaurante en la playa de Samil», explica.
Paulo César tuvo mala pata, porque estaba estudiando para mecánico y no pudo terminar, debido a que sufrió un accidente. «Rompí la tibia de la pierna derecha cuando jugaba un partido de fútbol con el equipo juvenil del Alerta hace dos años. Fue en un choque con el portero contrario. Me pateó la pierna, cuando él salía a despejar un balón y no pude esquivarlo, porque me empujó un defensor. Yo suelo jugar de lateral izquierdo, pero ese día el entrenador me puso de delantero centro, debido a que no tenía quien le jugase en esa demarcación», relata con cierto pesar.
Dice que el fútbol le gustaba de pequeño. Era simpatizante del Alianza de Lima y, de los equipos extranjeros, se sentía atraído por el Barcelona. «Veía los partidos por Internet y me gustaban mucho Etoo, Henry y Messi», afirma.
Secuelas
Todavía le han quedado secuelas de esa lesión. Siente molestias en la rodilla al andar. Los médicos le han dicho que lo tienen que operar, pero aún no saben si es algo grave. Según cuenta, guarda relación con el líquido sinovial. «Llevo esperando cuatro meses y sigo aguardando a que me llamen. En la tibia me pusieron yeso y se me curó así. La rodilla, sobre todo cuando hace frío, me duele mucho», señala. Sin embargo, aún así trabajó de jardinero para particulares. También estuvo lavando platos en un restaurante. Su última ocupación fue de carpintero, un oficio que aprendió de su abuelo, porque le ayudaba a hacer los muebles. Ganaba al mes en soles peruanos lo que serían al cambio alrededor de 300 euros.
Animales domésticos
«Mis abuelos también tenían algunas chacras (fincas). Criaban animales domésticos: gallinas, vacas, cerdos y patos. A veces llevaba a pastar el ganado y luego lo recogía al anochecer», recuerda con cierta nostalgia, aunque asegura que se siente mucho mejor en Vigo.
Precisamente el año pasado falleció su abuelo. No pudo asistirle al entierro, porque solo tenían dinero para el pasaje de su madre. «Ahora a mi abuela la cuida mi hermano», señala.
En su ciudad natal de Tarapoto no tenía playa, pero contaba con un lago, en el que solía pescar tilapias, un pez plano. «Se podía pescar durante todo el año, porque en esa zona de Perú el clima es tropical. Las temperaturas máximas oscilan entre los 37 y los 43 grados. Durante mi primer año en Vigo acusé el cambio. Pero ahora ya me aclimaté al frío, aunque este invierno fue muy duro», señala.
Reategui en este momento está en el paro y sigue buscando un empleo. Le gustaría trabajar en un taller de coches o de soldador. Vive en un piso con su madre y manifiesta que van capeando la crisis como buenamente pueden.