...y Vigo fue ciudad pese al rechazo de Tui

José Riesgo Boluda

VIGO

Hoy se cumplen 199 años de la concesión de este título tras la expulsión de los franceses. Un éxito del alcalde Vázquez Varela que la villa de Tui intentó evitar

01 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

(A Manuel Alonso Macías)

Vigo, aquel Vigo convulso de 1809, ni perdía el tiempo ni dormía la siesta. Pocos días después de la reconquista , el 25 de abril, Vázquez Varela dirige al Consejo de Regencia un escrito poniendo en conocimiento los heroicos hechos protagonizados en la villa y solicita para ella y para el pueblo el título de «Ciudad Leal y Valerosa». Para una villa de abadengo con aduana marítima de segunda clase de no más de 4.100 habitantes dependiente del arzobispado de Santiago, el título, que introducía la categoría de ciudad, implicaba, según se desprende del escrito del alcalde, cambio a realengo, es decir, quedaba directamente sujeta al Rey lo que, contrariamente a lo que podamos entender, suponía mayores ámbitos de decisión y autogobierno, jurisdicción propia, mayores competencias, posibilidad de elegir directamente al alcalde, ingresos más cuantiosos, en definitiva, pasos adelante, progreso.

No lo pensó mucho el Consejo de Regencia de España e Indias y en nombre del Rey mediante Real Cédula dada en Cádiz el 1 de marzo de 1810, publicada en la gaceta el 27 de octubre, se accede a tal privilegio y, entre otras cuestiones expresa que en virtud de esa gracia se le releva del pago de todo servicio y género. Se había conseguido, imaginamos sesión extraordinaria y solemne en el Ayuntamiento, ovación y vuelta al ruedo de los corporativos por la plaza mayor, misa cantada con Te Deum y Gaudeamus, cohetes y baile-verbena donde suenan gaitas y tambores. Llueven felicitaciones, pero la cuestión no iba a ser pacífica.

Recurso contra Vigo

El Diputado General del Reino de Galicia, en su nombre y en el de las siete ciudades capitales (A Coruña, Betanzos, Mondoñedo, Lugo, Ourense, Santiago y Tui), interpone recurso contra el título otorgado a Vigo. De ello se hace eco Tui, 4.300 habitantes, que desde siempre es ciudad y desde 1623 «muy noble y muy leal». Sus corporativos, orgullosos de su historia y de su pasado, se dirigen al Ayuntamiento de Vigo en fecha de 11 de febrero de 1811 manifestando lo siguiente: «No debiendo mirar con indiferencia esta ciudad que esa villa adopte el tratamiento que no le corresponde como es el de leal y valerosa ciudad, timbre que en este Reyno solo pertenece a las siete capitales de las respectivas provincias que lo componen, se le hace muy reparable que, con ese título, dirijan a este Ayuntamiento sus contestaciones y sería para nosotros demasiada indolencia el tolerarlo dando en lo sucesivo paso a un tácito consentimiento...».

Continúan indicando que tal tratamiento, además de ofender el antiguo lustre de las siete ciudades, oscurece la gloria de los valientes patriotas del Partido de Fragoso y otros que concurrieron al auxilio de la villa consiguiendo la rendición del enemigo francés a costa de sangre e inmensos sacrificios. Concluye advirtiendo: «... no hallándose esta Ciudad con orden superior para reconocer (a Vigo) con semejante denominación ni noticia de que hubiera accedido a ella después del recurso de este Reyno, espera que ese Ayuntamiento no se beneficie, mientras no se verifique, y que se contenga dentro de los límites de su tratamiento antiguo de villa... por lo que no se admitirá en esta ciudad y se devolverá cualquier testimonio o documento que se remita que no venga en la forma que corresponde».

La contestación de Vigo no se hace esperar. El 6 de marzo se remite escrito a Tui adjuntando testimonio de la Real Cédula e indicando que el título de Ciudad y los dictados de Leal y Valerosa le han sido concedidos por el Supremo Consejo de Regencia, razón suficiente para entender que, dada su legitimidad, jamás, mientras no sean revocados, prescindirá de su uso a pesar de las protestas que manifiesten las señorías de Tui y de los recursos que en su nombre interponga el Diputado General del Reino.

Competidor a la vista

La polémica estaba servida, aunque los diferentes y variadísimos títulos que desde siempre los monarcas otorgaban a los pueblos tan solo significaban menciones honoríficas que se correspondían con un reconocimiento y agradecimiento público a actuaciones y hechos protagonizados en favor de la Corona (Toledo es imperial, Zaragoza augusta, Oviedo heroica y buena...). En la España de 1810, en virtud de lo previsto en la Ley 10 de 1804, recogida en el Título 4 del Libro 7 de la Novísima Compilación, todavía los pueblos, es decir, ciudades, villas y lugares eran de realengo, de abadengo y de señorío según la dependencia real, eclesiástica o nobiliaria que tuvieran. Lo que no agradaba en las demás ciudades gallegas, -a Tui con mayor razón dada su cercanía a Vigo- no eran los términos de Leal y Valerosa, simple música que ni siquiera tenía el «muy», lo que preocupaba era el posicionamiento de Vigo como nueva ciudad del Reino de Galicia. La octava donde siempre hubo siete -las siete cruces del escudo de Galicia- molestaba y además Vigo podía estructurar/vertebrar desde sus nuevos empleos y oficios, desde las nuevas sedes de gobierno, desde su nuevo ámbito de jurisdicción, un área de influencia que le ayudase posteriormente, en detrimento de otras ciudades, a reclamar un territorio provincial que tuviera su capital en la nueva ciudad.

Vigo, indignado con el comportamiento de la vecina Tui, no abandona su empeño de un reconocimiento expreso de su nueva condición, se olvida del recurso del Diputado General del Reino y reconviene. Así, el 4 de abril de 1812, el Procurador Síndico General de la ciudad se persona en la Real Audiencia de A Coruña y solicita resolución por la que se mande a las demás ciudades del Reino que cumplan lo contemplado en la Real Cédula. La Audiencia admite a trámite la petición, la traslada al fiscal de su Majestad y este, en fecha 1 de junio, envía copia certificada de la Cédula y del recurso presentado a las siete ciudades al objeto de que aleguen lo que estimen conveniente en defensa de sus derechos.

En los años siguientes pasaron muchas cosas. Santiago, Lugo y Mondoñedo aceptaron la nueva situación pero la vuelta del régimen absolutista en 1823 cambia todo de forma definitiva. Las gestiones de los diputados vigueses, determinadas promesas y dictámenes que abogaban por Vigo como capital nunca llegaron a buen puerto y se perdieron una y otra vez en vericuetos ministeriales. Quizás Pontevedra movió con habilidad sus escasas bazas, quizás Tui también lo intentó, quizás fue una típica y absurda solución salomónica al contencioso Tui-Vigo. En fin, románticas batallas decimonónicas. A Javier de Burgos granadino, político y bruto a veces lo encontramos paseando por la orilla del Lérez; todavía sonríe.