Dice que le resulta muy desagradable abrir un piso y cambiarle la cerradura cuando hay una familia con niños en su interior. Una vez, hasta le dieron un empujón
01 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Xulio Vázquez Un descuido de San Pedro le sería suficiente para abrir en un cerrar de ojos las puertas del cielo. Escaparía del infierno, aunque tuviese más candados que los que usaba el mago gran Houdini. Muchos olvidadizos le ofrecen la gloria al ver franqueados sus domicilios sin forzar la cerradura, a pesar de que dejaron las llaves puestas por dentro. Federico Baldonedo Pérez (45 años) es cerrajero y conoce su oficio mejor que los cerebros de esos golpes de película, desvalijando cajas fuertes. Seguro que al ex ministro Corcuera, de haberlo conocido, no se le hubiese ocurrido lo de la «patada en la puerta». -¿Cómo aprendió el oficio? -De mi padre. Y lo aprendí en Maracaibo (Venezuela). Porque soy hijo de emigrantes y nací al otro lado del charco. -¿Qué nombre tenía la ferretería? -Se llamaba El Candado, igual que la que tengo hoy día en el número 85 de la calle Barcelona. -¿Empezó muy joven? -A los 13 años, aunque me obligaron a terminar el bachillerato en horario nocturno. -¿Cuáles son las cualidades de un buen cerrajero? -Muy autodidacto y una persona honrada y discreta, porque tenemos acceso a muchos secretos. Ahora existe mucho intrusismo. Estamos luchando desde una asociación para que homologuen este oficio. -¿Sus primeros trabajos? -Una de las cosas que me encargaron en Maracaibo fue abrir unas casas prefabricadas, debido a que habían extraviado las llaves. Estaban en el puerto y las iban a utilizar ingenieros de la petrolera venezolana. Me llevó más tiempo de lo normal porque era novato. -¿Utilizaría el método de los bomberos o el que preconizaba el ex ministro Corcuera? -No. Nosotros no echamos las puertas abajo. Siempre tratamos de abrir limpiamente y haciendo el menor daño posible. A veces se puede dañar la cerradura, pero a la puerta ni un rasguño. Tenemos a nuestro favor el tiempo y la paciencia. -¿Si se lo propusiera, podría entrar en todos los pisos de Vigo? -En todos no. Además reitero lo de la honradez profesional. -¿Pero lo tendría más fácil que otros para dar un golpe? -(Risas). Si tuviese esas inclinaciones, seguro que sí. -¿Nunca se lo propusieron? -Jamás (sonríe). -¿Por qué se vino de Venezuela? -Porque había mucha inseguridad personal, demasiada violencia. Nos vinimos en 1984. -¿Qué trabajos le suelen encargar en Vigo? -Aparte de hacer llaves y aperturas de puertas, reparamos cerraduras. También hago muchos trabajos para el juzgado, como lanzamientos y embargos. A veces nos llama la policía para que le abramos un piso, cuando tienen que hacer un allanamiento. -¿Se topó con gente dentro? -Sí, vi como la sacaban esposada. -¿Va a muchos desahucios? -Sí. Desde la crisis me llaman tres veces de media cada semana para ir a desahucios. En esta última semana fui a cinco. Se debe casi siempre al impago de las hipotecas. Yo abro la puerta y le cambio las cerraduras. Pero no deja de ser desagradable, sobre todo cuando se trata de familias con niños. -¿Nunca recibió amenazas? -Una vez tuve que salir por piernas y, en otra, me dieron un empujón. -¿Ustedes son capaces de amaestrar un candado como si fuese un perro? -No (risas). Un candado o cerradura amaestrada es el que se abre con su propia llave y luego hay una jerarquía de otras llaves que abren en un grupo de candados.
-¿Una llave puede ser maestra?
-Ja, ja... Lo de las llaves maestras solo se ve en las películas.