El propietario de la mayor colección de juguetes de España atesora también arte gallego y publicaciones del poeta Oroza
23 feb 2009 . Actualizado a las 12:01 h.Antonio Manuel Chaves Cuíñas está especializado en el mundo del juego y el juguete. Su colección es una de las más importantes de España y más de 12.000 piezas de firmas históricas avalan su dedicación. Como es obvio, la afición le viene desde pequeño, y atribuye al afán coleccionista de una tía suya el interés creciente por los objetos lúdicos de la infancia en vez de mermar con los años. Chaves nació en Cambados en 1959, pero desde que a los 10 años lo mandaron a estudiar interno al colegio Labor, se hizo vigués para siempre. Aún así, los recuerdos de su niñez están ligados a su lugar de nacimiento, donde compartió juegos con un vecino suyo llamado Paco, que construía barquitos de madera sobre los que Antonio intentaba flotar unos minutos en el agua hasta que se hundía. Aquel Paco es Francisco Leiro, gran artista pero pésimo ingeniero naval.
También en Cambados enterró su primer botín infantil: «En una caja de hoja de lata de membrillo metí una cabeza de vacaloura, una castaña de la suerte, una cerbatana de caña de bambú, llaveros que venían de regalo con el café Sical y una lupa. Cuando me acordé de aquello vi que había obras de construcción en el descampado, y nunca más se supo, claro», razona.
Antonio empezó a atesorar las cosas típicas que estaban al alcance de los niños de la época: cromos de Nestlé y de los álbumes Vida y Color , chapas, canicas y una modesta colección de sellos que se enriqueció notablemente cuando heredó los de su padre.
Piezas únicas para compartir
«Decía Baudelaire que el juguete es la primera iniciación al arte», recuerda. Chaves nunca dejó de valorar los juegos y juguetes con solera y a lo largo de los años se ha hecho con piezas únicas, pero su intención es compartirlas con los demás. Para ello, en 1994 creó la Fundación Raquel Chaves (en honor a una hermana suya fallecida de niña) para amparar de forma organizada una entidad que aglutina las piezas lúdicas, material bibliográfico y documentos de gran valor.
Durante nueve años se llevó su colección al Museo Castellano Manchego del Juguete. «Hasta el patriarca de la familia de los jugueteros Borrás quedó impresionado, al igual que el director del museo del juguete más grande del mundo, que está en Japón», asegura.
Ahora le ha puesto en bandeja al Concello de Vigo un tesoro que el gobierno municipal no acaba de ser capaz de gestionar, aunque parece caminar hacia un final feliz en cuanto los gestores de la cultura logren hacerse con un edificio en el Casco Vello, emplazamiento que les parece adecuado tanto a ellos como al responsable de la Fundación, «porque además de que parte de la colección está muy vinculada al barrio antiguo, estamos de acuerdo en que dinamizaría la zona porque su atractivo es indudable», opina. Pero el especialista explica que tiene que ser un inmueble de grandes dimensiones, ya que el proyecto museístico contempla la organización de los fondos en varias salas: para los cien años de historia de Payá, para el mundo de la escuela, para los productos Nestlé, para juguetes diversos y una muy especial dedicada a la Casa Cuna de La Artística.
A Chaves se le ilumina la cara cuando muestra este tesoro integrado por los documentos que se conservan de ella. «Eugenio Fadrique fue un auténtico pionero en la conciliación de la vida laboral con la familiar. A mediados del siglo pasado puso a disposición de las trabajadoras un servicio de guardería para cuidar a sus hijos», comenta. Antonio Chaves tiene fichas de los niños, fotos, cunas, ropa, documentos de valor nostálgico incalculable que forman parte de la memoria de la ciudad de Vigo.
Chaves, graduado social de profesión, desarrolla una intensa actividad investigadora y tiene publicados varios estudios, no solamente sobre el juguete, sino también sobre poesía y arte gallego. Ambas artes forman parte de sus pasiones. «Personalmente, al margen de los juguetes, colecciono ediciones infantiles, escolares y populares de El Quijote , tema sobre el que estoy preparando un libro», cuenta. Además, añade, «guardo con mucho celo dibujos de Colmeiro, Seoane, Alberti y de forma muy especial, cosas de Oroza, amigo, buen compañero y mejor poeta».
Entre las miles de piezas que actualiza constantemente adquiriendo juguetes que hoy son novedad y mañana serán historia, hay abundante material gráfico sobre Charlie Rivel, Shirley Temple, ediciones de novelas de Julio Verne de los años 30, piezas exclusivas de Payá y Rico o curiosidades como las pajaritas de Resol que hizo Arturo Cuadrado en 1936.
Una mínima parte de su colección se exhibió en Vigo tres veces, una en el Museo de Castrelos y dos en el Verbum, donde se encuentran embaladas miles de piezas esperando un hogar definitivo. «Sigo soñando con el mejor museo del juguete para Vigo. Yo sigo esperando sin desesperar», afirma resignado y confuso.