Viene cada día desde Pontevedra a trabajar a Vigo y dice que sus clientes son del naval, astilleros y Pescanova. Bromea al afirmar que estudió su oficio en la universidad de Kanfort
16 feb 2009 . Actualizado a las 12:02 h.Xulio Vázquez Deja los zapatos más limpios que algunas almas y muchos cuerpos. Tiene la humildad de inclinarse ante los pies de los demás para hacer un trabajo honrado. Su oficio se aprende en la calle de la vida. Y es tan real como en la película Sciusciá , de Vittorio de Sica. Pero también hay quien empezó de limpiabotas y terminó de presidente del Gobierno, como le sucedió a Lula da Silva. Otro lustrabotas acabó siendo un valiente defensor de los derechos de los afroamericanos. Se llamaba Malcolm X. Sin embargo, en el caso de Víctor Marcos Lemos (41 años) cae de cajón que ya no va para ministro. Aunque proclama que su oficio le permite administrar su propia libertad. Es el último mohicano que se gana la vida en Vigo a base de betún y cepillo. -¿Desde cuándo limpia y abrillanta botas y zapatos? -Desde hace 15 años. -¿Por qué eligió este oficio? -Porque también lo ejerció mi padre. Yo trabajé con él hasta que se murió, y lo sigo haciendo solo. -¿Sin competencia? -No, no la tengo. -¿Así le afectará menos la crisis? -La crisis nos afecta a todos. -¿Tiene menos clientes? -Hay menos gente que me pide que les limpie los zapatos. -¿Qué productos utiliza? -Los de siempre: betún y anilina, aunque empiezo por este último. Los limpio con un cepillo y los abrillanto con un paño. -¿Cuánto tiempo le lleva? -Sobre diez minutos. -¿Usted, cuando le presentan a alguien, se fija primero en los zapatos o en el rostro? -En sus zapatos (es pura deformación profesional). Al trabajar en esto, hay que fijarse. -¿La gente calza bien? -Los que se mueven por las cafeterías y restaurantes de la zona de plaza de Compostela y Montero Ríos, que es por donde yo trabajo, calzan y visten muy bien. -¿Dónde tiene la central? -En la cafetería Reca, que es donde almuerzo. Además traigo la comida de casa. Y me guardan el cajón y el asiento. -¿En dónde vive? -Vivo en Pontevedra, pero vengo a trabajar aquí, porque es donde está la gente relacionada con el naval, astilleros y Pescanova. -¿A cuántos se cepilla en un día? -Eso es información reservada (risas). Suelo trabajar a la hora de los desayunos; luego a la hora del almuerzo, cuando se paran en la barra a tomarse unos vinillos. Es cuando faena tengo. -¿Le ha limpiado los zapatos a alguna mujer? -Mucho menos. La media pueda ser de una mujer por cada treinta hombres. -¿Con pantalones o en falda? -Casi todas llevaban pantalones, aunque las hubiese preferido con falda, y cuanto más corta mejor (risas). Pero alguno lucía falda. -¿Qué tipo de conversaciones mantiene con sus clientes?
-Eso ya tiene otro precio. Normalmente a la gente le digo con conversación o sin ella. Si me dicen con conversación, les pregunto si les doy la razón o les llevo la contraria (no, es mentira). Solemos conversar porque nos conocemos desde hace mucho tiempo. -¿De qué suelen hablar? -De fútbol, política y mujeres? -¿Y las mujeres? -Son muy parlanchinas. Me hablan de modas y alguna me pregunta si es buena la piel de sus zapatos. -¿Cobra lo mismo por una bota que por un zapato? -Sí, y da lo mismo que calce un 36 que un 48. Le cobro a todo el mundo 3,60 euros por este servicio. -¿Propinas? -Alguna cae, pero, menos que antes, debido a la crisis. -¿Por qué se extinguen los limpiabotas? -Porque ahora muchos suelen llevar zapatillas y chanclas en el verano. A los que vienen en los cruceros les pondría una boya en el puerto, con una señala de prohibido y los desviaría hacia A Coruña. No se gana un euro con ellos. -¿Le gusta el nombre de limpiabotas? -Los que fuimos a la universidad de Kanfort somos técnicos lustradores (es broma). -¿Algún secreto profesional? -Suelo utilizar crema inglesa, con cera de abeja. Pero también tengo mis potingues y no los voy a revelar.