Acaba de publicar el libro «Hasta el fin del mundo», sobre sus vivencias en la isla y la experiencia del Camino de Santiago
10 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Nació en Santa Clara (Cuba), donde reposan los restos de Che Guevara, a quien llegó a conocer ocasionalmente. Es hijo de gallegos, lo que le sirvió a Manuel Sánchez Dalama (57 años) para conseguir un pasaporte rumbo a España. Pero terminó recalando en Vigo, donde reside con su esposa e hijos desde hace ocho años.
En la isla caribeña estudió Periodismo y Económicas, aunque ejerció solo esta última profesión, lo que le sirvió para conocer su país de origen de punta a punta. «Trabajaba para una empresa de viajes», señala.
Dice que ya se había formado una idea de Galicia. «Durante casi medio siglo fui construyendo en mi cabeza las imágenes de la tierra de mis abuelos. La concebía como un lugar maravilloso y envuelto en brumas, donde todo era muy misterioso», argumenta.
Sin embargo, no vino directamente a Vigo. Una vez que se instaló en Madrid, decidió venir aquí para visitar a un hermano que es ingeniero en Telecomunicaciones. «Llegué a Vigo y encontré un empleo de oficial administrativo en una empresa. Y me quedé», afirma.
No desaprovechó el tiempo para conocer a fondo la tierra gallega. «Quise tocarla con las manos de punta a cabo, igual que hice en Cuba», manifiesta. Así fue como le surgió la idea de hacer el Camino de Santiago, junto con otros dos amigos. «Uno venía de Estados Unidos y el otro era un gallego de O Carballiño (un filósofo, todo un personaje). Pero yo proseguí en solitario hasta Fisterra y subí hasta el monte Pindo», explica.
Las vivencias de ese peregrinaje, junto con las que experimentó en Cuba, las acaba de plasmar en un libro, que tiene por título Hasta el fin del mundo, del centro de Cuba a Finisterre .
Manuel Sánchez aclara que fue él quien también hizo de editor de su propio libro. «No lo publiqué para ganar dinero, sino que mi deseo fue contarle algo a los demás con la esperanza de que los entretenga y de que pueda serles útil. Todo ello me permitió una gran la libertad para escribir lo que me dio la gana», puntualiza.
Bromea sobre la portada en la que aparece un piano encima de las rocas del monte Pindo: «Le dije a un amigo lo difícil que nos resultó llevar el piano en piezas. Y se asombró. Luego le conté la verdad, porque se trata de una fotomontaje».
Del contenido del libro, señala que la historia comienza en Santa Clara con un hombre que viaja a España y se dirige a Fisterra para matar a su padre. «Puedes darlo por muerto, pero tampoco voy a narrar toda la historia, mejor que lean el libro», dice sonriendo.
«Es mi propia historia. Todos los personajes son tan ciertos que decidí ponerles apodos. Se junta la picaresca cubana con la gallega», especifica. Esta es su segunda obra, tras haber publicado Peces rojos en la lluvia .