Dice que le basta con la pierna derecha para controlar el autobús. Y que muchos se olvidan de los paraguas, pero no de sacar los coches al caer cuatro gotas para formar atascos
09 feb 2009 . Actualizado a las 12:27 h.Xulio Vázquez No necesita un collar de cuentas para rezar el Rosario. Le bastaría con contar cada una de las paradas del autobús urbano que conduce a diario. Incluso le sobraría alguna porque son más de 59 las que configuran la línea más larga que cubre Vitrasa en Vigo. Es la 10. El mismo número que lució el astro argentino Maradona. También Manuel Piñeiro García (38 años) precisa de sus regates al volante para llevar a centenares de usuarios. Tiene que recorrer tramos en los que no existe el carril bus, sortear incluso obstáculos de obras que se eternizan en algunas calles. Y aproximarse a las paradas con la misma suavidad con la que se posa una paloma. Es como si llevara una mercancía que necesita ir entre algodones. Son vidas humanas que dependen en cualquier momento de sus manos. «Me basta con la pierna derecha para controlar el autobús, porque no lleva embrague, y la izquierda se me duerme, hasta podría dejarla en la cama», bromea sonriente. -¿Cuántos kilómetros tiene su recorrido? -Sobre 22. Comienza en Saiáns y termina en la rotonda de la autopista, al lado del cementerio de Teis. Va por Cabo Estai, Canido, Samil, avenida Atlántica, Tomás Paredes, plaza de América, calle Coruña, Beiramar, Marques de Valladares, García Barbón, Sanjurjo Badía, Buenos Aires y hacia Teis. -¿Qué tiempo le lleva? -Una hora a la ida y otra para la vuelta. -¿No se aburre de ir siempre por la misma ruta? -Para nada. -¿Los atascos le ponen de los nervios? -A mí no. -¿Podrían contratarle para una nueva versión de «El hombre tranquilo», de John Ford? -(Risas). Lo que tengo es mucha paciencia. -¿Nunca superó los 50 de velocidad en la ciudad? -No se debe (sonríe). Además en la ciudad es imposible superarla. Tal vez en el extrarradio. -¿Se gana tiempo pisando el acelerador? -No. Solo se gana manteniendo la constancia. Es mi norma. -¿Se saltó algún semáforo? -Rozando el rojo en algún cruce, pero lo tengo bien cronometrado.
-¿Toca mucho la bocina?
-Soy de los que menos la utilizo. Alguna vez para saludar a un compañero. -¿Qué número de viajes suele hacer en una jornada? -Sobre cinco, porque también engancho con otra línea en un relevo. -¿La parada más larga? -Suele ser en plaza de América. -¿Los turnos? -Cuando me toca por las mañanas es de 5 a 14.00 horas. Y, de tardes, de 14.00 a 23.30 horas. -¿Conoce a muchos pasajeros? -Sí, sobre todo a los usuarios de todos los días. Me saludan. -¿Lo de prohibido hablar...? -Depende porque, si algún pasajero te pregunta por la próxima parada, hay que informarle. Pero no pierdo la atención. -¿Ha esperado a alguno? -En alguna ocasión, porque sé su horario y les veo llegar corriendo. -¿Le han hecho algún regalo? -Alguna señora me ha regalado bombones. -¿A cuánta gente puede llevar en el autobús. -Si se llena, sobre cien. Es en el verano cuando más gente llevo, porque paso por la línea de playa. Pero tenemos refuerzos. -¿Se le han colado sin pagar? -No lo creo. Una vez un joven me dijo que no pagaba. Le dije que pasara porque tenía que seguir cobrándole a la gente. Pero al llegar a la parada, le pedí amablemente que pagase antes de bajarse. Rechistó un poco, pero pagó. -¿Subió mucho el billete? -Cinco céntimos. Cuesta 1,13 euros. La ventaja es que con la tarjeta les sale a 77 céntimos y disponen de dos transbordos gratis en los siguientes 45 minutos. -¿Con la crisis tendrá menos problema de que le paguen con billetes de 50 euros? -Ya no me los daban antes. Solo se admiten 10 euros. Si es de 20, se puede hacer una excepción. -¿Qué es lo que más olvidan en el autobús? -Muchos se olvidan de los paraguas, pero no de sacar los coches al caer cuatro gotas, para formar atascos. -¿Le ceden el paso? -Lo suelo hacer yo. Los automovilistas se sorprenden cuando un Vitrasa les cede el paso.