«Llevo aquí ocho años ejerciendo mis facultades adivinatorias»

Xulio Vázquez

VIGO

Isabel Atanasio Ivanova asegura que su «magia» es una herencia de familia, descendiente de gitanos rusos que embarcaron en Vigo hacia Argentina

03 feb 2009 . Actualizado a las 10:19 h.

Por sus rasgos, por su forma de vestir y por su descendencia, bien podría ser la protagonista de aquella canción Cara de gitana , que tanto éxito le dio a Daniel Magal en su momento. Al igual que este cantante, Isabel Atanasio Ivanova (47 años) también nació en Argentina (Mar del Plata). Además por sus venas corre sangre de descendencia gitana y una mezcla nada común: rusa y rumana. Lleva ocho años en Vigo y se dedica a la videncia.

«Mis padres eran hijos y nietos de gitanos rusos, de la zona de Moscú. Pero, al ir bajando hacia Europa y América, mi padre nació en Zaragoza. Solo mi abuela era húngara (Budapest). Todos descendían de los cíngaros», argumenta.

Su padre se marchó de España a los 10 años y, con el tiempo, se dedicó a la metalurgia en Argentina. «Se marcharon de Rusia en 1928. Viajaron por el centro de Europa, incluso estuvieron en Italia, hasta que llegaron a España», señala.

Asegura que fue en Vigo donde embarcaron hacia Sudamérica y que se instalaron en la provincia argentina de Mendoza, donde nació un tío suyo, el menor.

«Mi padre abastecía a restaurantes y hoteles de todo lo relacionado con la vajilla, y también hacía columnas de acero inoxidable», explica.

De su madre, afirma que «era astróloga, y muy conocida en Argentina. Tenía una gran energía positiva para ayudar a gente con problemas serios. Sé que alguna persona consiguió abandonar su silla de ruedas. Eso no lo olvidaré nunca. Tenía mucha gente en su consultorio y ejerció durante 40 años». «Es algo que nos viene de familia, porque mi abuela Caterina también fue vidente. Veían a través de las manos, de los ojos y de las cartas. Le adivinaban a la gente todo lo que les iba a suceder», añade.

En esa época dice que utilizaban la baraja española para echar las cartas, porque no tenían las del tarot. Ivanova se considera heredera de esas facultades adivinatorios. «De bruja lo heredé todo», afirma sonriendo. «Es algo que me gusta mucho porque me permite ayudar a la gente», puntualiza.

Pura psicología

Estuvo ejerciendo sus poderes en Argentina y México. «Mi videncia consiste en una psicología práctica, natural, que la realizó para que la persona encuentre una salida a los problemas. También utilizó la propia energía de las personas y la mía propia, que es muy fuerte», afirma.

El hecho de emigrar a España fue como consecuencia de unas vacaciones. Asegura que vino por un mes para ver a una hija y se quedó. También tiene otro hijo aquí, que se dedica a la música. «Vine con mi marido, pero me quedé sola, porque él se fue a Argentina y no regresó», aclara.

Durante los años que lleva en Vigo y dice que se dedicó a trabajar por su cuenta. «En mi consultorio utilizo una terapia de relajación y también el tarot para predecirle el futuro a la gente», manifiesta.

Dice que lo que más le consultan son cosas relacionadas con el amor. «Alguna viene llorando, por una tercera persona que apareció en la pareja», cuenta a modo de anécdota.

Al hablar de su magia, la califica de blanca (buena para unir personas) y roja (enfermedades). «Curó más por la parte del alma, de lo psicológico. Cuando se trata de un cáncer, tienen que ir al médico», afirma sin vacilar.

«A veces me suelo anunciar, pero funciona muy bien el boca a boca. Suelo poner videncia o consejera espiritual. Incluso viene gente de A Coruña y Ourense. Cobro 40 euros por una hora de sesión. El 99% de la gente se va contenta», considera.