«La situación es tan mala que hasta los payos se nos meten en la chatarra»

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Lleva alrededor de quince años en el negocio y suele ganar sobre 600 euros al mes. Vive en casa de su suegra y tiene que compartir una habitación con sus tres hijos

01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Xulio Vázquez Uno de los nuevo ricos españoles es el extremeño Alfonso Gallardo. Su historia parece sacada de un cuento de Dickens: érase una vez un muchacho humilde y trabajador que se ganaba la vida recogiendo chatarra con un burro por los pueblos del sur de Badajoz. Con los años, se le convirtió en oro y acabó amasando una gran fortuna tras levantar un imperio en el sector de la siderometalurgia. Pero es la excepción, porque Felipe Díaz Jiménez se dedica a lo mismo en Vigo y a duras penas consigue alimentar a su familia. Pese a que por las manos de este gitano pasan toneladas de metales y a que comenzó en su negocio utilizando una furgoneta. «La situación está tan mal que hasta los payos se nos meten en la chatarra», afirma con cierta resignación. -¿Siempre se dedicó a lo mismo? -Después de hacer los estudios elementales, estuve de aprendiz en una carpintería de aluminio. Hice la mili en Figueirido. Y luego trabajé doce años en la chatarra con mi padre en Pontevedra, donde nací. Desde que me casé (hace 24 años) me vine a vivir a Vigo y sigo de chatarrero, aunque estuve dos años empleado en Vulcano. Era soldador y hacía de todo: tuberías, calderería... Estaba contratado por la empresa Nervión. Hubo una huelga y a mí me incluyeron entre los despedidos. -¿Cómo discurre su jornada? -Me levanto sobre las 9 y voy por las aldeas de O Morrazo, entre Moaña y Cangas, en busca de chatarra. Suele acompañarme un cuñado. Además la furgoneta es suya. Otras veces va conmigo mi esposa. Toda la trapallada que cargamos se la pido a la gente, pero también me la guardan los dueños de talleres que me conocen. Pero ahora algunos ya la venden directamente. Terminamos la jornada sobre las 19.00 horas e incluso más tarde. -¿Les afecta la crisis? -Mucho. Porque han bajado los precios. Ahora es como si estuviese de rebajas, al 50%. Cuando el gasóleo y la gasolina estaban en máximos, nos pagaban la tonelada a 200 euros. Al día solíamos juntar entre trescientos y quinientos kilos. Se ganaba para comer, pero hoy día cuesta más, porque nos pagan menos. Además aumentó la competencia, debido a que también se metieron en este negocio muchos payos. Incluso trabajamos los sábados y domingos para ir tirando. -¿Dónde la guardan? -La llevamos directamente a una chatarrería de la calle Calderón, donde clasifican los metales. -¿Qué cosas suelen recoger? -Tubos de escape y otras piezas de los coches, lavadoras, escaleras viejas, cocinas, bañeras... Sobre todo hierro, cobre, aluminio y plomo. -¿Y el oro? -Ni lo huelo. Una vez encontré una pulserita de oro, pero hasta era de mala calidad. -¿El metal mejor pagado? -El hierro, pero ahora la tonelada solo se cotiza a 50 euros. Para sacar 600 euros al mes, me veo negro. -¿No se le oxidarán las manos? -(Risas). Algunas veces uso guantes. Pero tengo que cargar y descargar la furgoneta, por lo que ya han pasado muchas toneladas de chatarra por mis manos. -¿Paga piso? -No. Vivo con mi suegra. Somos doce personas en un piso de tres habitaciones. Ella tiene que dormir en el salón. A mi me deja una habitación que comparto con mis tres hijos. No tengo ni intimidad. Y estoy luchando por conseguir un piso de protección oficial, porque mis hijos se hacen mayores y esto no es vida. -¿Alguna anécdota? -Una vez entré en una finca para preguntar si tenían chatarra y me salió un hombre con una escopeta de balines. No nos disparó, pero tampoco nos dio nada.