Poco a poco las aguas se van calmando y todos los actores se acostumbran a vivir en una situación de anormalidad que se ha convertido en habitual. La federación vecinal, que aglutina a una treintena de asociaciones, no es reconocida como interlocutora por el alcalde y por extensión por el grupo socialista que controla más de la mitad del gobierno municipal.
Esta decisión implica que Abel Caballero no los recibe ni tampoco el concejal de Participación Ciudadana. Tampoco la federación recibe fondos, ni ayudas, ni subvenciones de la concejalías socialistas y no es consultada sobre ningún proyecto municipal.
Para compensar este veto Caballero recibe cada poco a las asociaciones de manera individual y con ellas que negocia proyectos y les informa de las actuaciones municipales en sus barrios.
Salvavidas
La cúpula vecinal ha logrado mantener sus actividades y su presencia pública gracias al apoyo que recibe del Bloque, socio en el gobierno municipal. Los nacionalistas han firmado un convenio económico en las áreas que gestionan en el Concello y mantienen relaciones normales. Lo mismo ocurre con el PP, con la diferencia de que estando en la oposición no maneja fondos municipales.
La pugna entre Caballero y González se ha trasladado a la escena gallega desde el momento en que la presidenta viguesa fue elegida máxima responsable de la confederación gallega. Pese a este puesto el alcalde tampoco ha querido recibirla.