«Soy profesor de Bellas Artes y aquí trabajo de cartero»

Xulio Vázquez

VIGO

Un habanero que se casó con una maña, vivió en Gijón y ahora reside en Vigo

13 ene 2009 . Actualizado a las 12:19 h.

Hizo la carrera de Bellas Artes en La Habana (Cuba) y terminó de cartero en Vigo. Roberto Nápoles Sanfiel (39 años) se especializó en la rama de pintura. Una vez que terminó estuvo trabajando en una casa de cultura de la Ciudad de La Habana y luego emprendió el camino de la emigración a España. «Soy profesor de Bellas Artes y en Vigo trabajo repartiendo correspondencia para una empresa catalana, pero no me caen los anillos. No me siento frustrado con este nuevo oficio», afirma con su buen humor cubano.

Hace tres años que llegó a Vigo. De su experiencia como profesor en la Ciudad de La Habana, dice que solo se dedicó a impartir clases a alumnos de primaria (de entre 5 y 7 años). «Les daba nociones de pintura, sobre todo de dibujo», señala. «En esas edades se trata más bien de descubrir talentos, de enseñarles a mezclar colores, todo lo que tiene que ver con la composición. Siempre les ayudará si se decantan por el campo del arte, porque tendrán ya las bases para iniciar la carrera», explica.

Asegura que conoció a muchachos con una gran predisposición para el arte, pero también recalca que «a ese plus artístico hay que añadirle la constancia. Sin ella, la mayoría se malogran».

Su llamada a la emigración se produjo por un sentimiento amoroso. Relata que conoció en La Habana a una maña de Zaragoza. «Empezamos una relación y estuvimos un año de noviazgo. A partir de ese momento, nos planteamos algo más serio y surgió la posibilidad de que yo viniese a España, por lo que contrajimos matrimonio. Fue por lo civil y de puro trámite». «Todo estaba muy claro; por un lado, mi deseo de conocer otro mundo, porque vivía en una isla; y también para continuar con la relación amorosa, aunque tampoco con la pretensión de formalizar un matrimonio eterno», añade.

Asegura que nunca había salido de Cuba. Su primer viaje le llevó a Gijón, donde su esposa ejercía como profesora de francés. A los cinco años de convivencia se rompió su matrimonio y le quedó «un bonito recuerdo y una hija de 8 años, a la que suelo ver siempre que puedo, porque me llevo muy bien con mi ex esposa». Roberto Nápoles permaneció siete años más en tierras asturianas, trabajando en la hostelería en bares y sidrerías de Gijón. «Si tengo que escanciar la sidra, aún soy capaz de hacerlo», afirma. También dio clases de pintura y dibujo en asociaciones de vecinos. Una experiencia que le resultó muy enriquecedora.

Decidió venirse para Vigo hace tres años, tras la muerte de su madre en Cuba. «Tuve muchas dificultades para volver a España, debido a que me había caducado el carné de identidad, explica.

Aquí se puso a trabajar en la hostelería. Ahora está contratado por una empresa privada catalana de correos, y se encarga de repartir correspondencia comercial. «Estoy muy a gusto y ya conozco casi todas las calles de Vigo. Llevo un año trabajando y tengo un contrato indefinido», señala.

En los momentos que puede sigue practicando su arte. «Hago dibujos con tinta china y me gusta pintar con acrílicos. Jamás expuse, pero he vendido muchos cuadros», afirma con orgullo.