Un senegalés pagó 1.500 euros para llegar a Tenerife, y lleva medio año en Vigo
06 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Tiene la edad a la que murió de Jesucristo (33 años). Su cruz es haber nacido en uno de los países que aportan el 25% de la inmigración irregular subsahariana. Su nombre parecía predestinado a formar parte de ese drama humano que supone viajar en patera. Pathe Ndiaye puede decir que nació a las diez de la mañana del 15 de noviembre del 2007 al tocar tierra en Tenerife. Ese mismo año murieron casi mil inmigrantes en el intento de alcanzar España. Es la fecha que quedará grabada en su cerebro como se supone le sucedió a Cristóbal Colón el día que descubrió América. Este joven senegalés llegó apretujado entre 94 seres humanos que se desplazaban en una embarcación pequeña y de fondo plano. Todos en busca del mismo sueño: Europa.
Al igual que tiempo atrás los gallegos se predisponían a hacer las Américas, también los africanos escuchan el tantán de un paraíso que les espera tras cruzar el Atlántico. Pero la travesía de los negros no es acorde con los tiempos modernos, porque muchos se dejan la vida en el intento. Y la mayoría de los más afortunados terminan por darse cuenta de que todo fue un espejismo en el desierto. Es la pescadilla que se muerde la cola: sin papeles no hay trabajo o les explotan con sueldos de miseria. Así le sucedió a Pathe, quien lleva en Vigo seis meses y malviviendo. Pero algo aprendió de esa quimera. «Sin papeles no volvería a viajar en una patera», afirma resignado.
Un desheredado de la tierra que pertenece a una familia numerosa (nueve hombres y una mujer), con un padre que cuidaba algunas vacas y cosechaba sorgo, arroz, maíz y algún otro producto africano. Demasiadas bocas que alimentar con muy poco dinero. En este ambiente creció Pathe Ndiaye, y consiguió dar el estirón, porque es un hombre corpulento. Le gustaba jugar al fútbol en el colegio y sobresalía por su faceta goleadora. Pero ningún ojeador se fijó en él para la selección de Senegal. Y tuvo que dedicarse a trabajar, como dirían los catalanes, de «paleta» en la construcción. Él también lo dice así porque, antes de venir a Vigo, estuvo en Barcelona. «Trabajé de albañil en mi ciudad de Koumpenntoum, pero ganaba muy poco dinero, por lo que decidí emigrar», afirma.
Apoyo familiar
Contó con el apoyo y la complacencia de toda su familia para un viaje a vida o muerte. Quizá para ello hayan tenido que desprenderse de todos sus ahorros. Pathe logró reunir al cambio 1.500 euros. Fue el precio por subirse a una patera. Prefiere guardar el secreto del lugar de partida. Solo cuenta que tuvo que viajar hasta Dakar en autobús y que luego contactó con una persona a la que le pagó una noche esa cantidad de dinero justo antes de subirse a la embarcación. «No tuve miedo porque morir algún día se tiene que morir y, si iba a ser en el mar, daba lo mismo que tuviese miedo o no. Pero Dios quiso que llegase sano y salvo», explica con su filosofía existencial.
De la travesía en patera tampoco cuenta mucho: «Fueron cuatro días con sus noches. Comíamos magdalenas y bebíamos agua y café. Pasamos por fuertes oleajes y también tuvimos mar en calma. El patrón solo nos decía que estábamos pasando por la costa de Mauritania o por el país que fuese, nada más».
Tras la llegada a Tenerife, fue atendido por la Cruz Roja y dice que la policía solo le preguntó el nombre y el de su país. Asegura que le facilitaron un billete de avión a Madrid, donde también fue atendido por la Cruz Roja, y le pagaron el tren a Barcelona. Estuvo en Mataró y se dedicó a recoger fruta, sobre todo piña.
Se quedó sin trabajo y decidió venirse a Vigo, donde tiene un hermano y una hermana que trabajan de vendedores ambulantes. Pero él sigue sin papeles y todavía no ha conseguido un trabajo en la construcción, que es lo que más desea. «Si alguien me diese una oportunidad, puedo prometerle que no lo defraudaría, aunque se que con la crisis la cosa esta muy mal», reconoce. «Ahora vivo solo y estoy pasando necesidades porque no tengo dinero para comprar cosas y dedicarme también a la venta ambulante», señala.
A pesar de las circunstancias, no pierde su buen humor. «Les facilito mi teléfono: 687 313 182, por si alguien me quiere contratar o también si me sale novia», manifiesta sonriendo. «La gente me llama amigo de Zapatero porque soy simpatizante del presidente español, y también de Obama», dice a modo de anécdota.