«El público actual prefiere ver lo que ya conoce de antemano»

VIGO

El responsable del centro suizo participó en la reunión de museos europeos que ayer finalizó en la Fundación Barrié

23 oct 2008 . Actualizado a las 12:50 h.

Christian Brändle se formó como arquitecto pero enseguida decidió que la construcción era un proceso demasiado lento para su forma de entender la creación y enfocó su profesión hacia la arquitectura efímera. Trabajó con Jean Nouvel, en la Ópera de Zúrich traduciendo los dibujos de los escenógrafos a la realidad, en el Kunsthalle de Basilea, y desde hace seis años dirige el Museo de Diseño de Zúrich. Este centro, que posee la colección de pósters más grande del mundo, con 350.000 ejemplares, es uno de los 37 que participan en la XII Reunión Anual de la Red de Museos Europeos (Muscon 2008), organizada en la sede viguesa de la Fundación Barrié colaboración con el Vitra Design Museum. En el programa de trabajo, que finalizó ayer, se desarrollaron ponencias sobre la realidad de los museos europeos y su programación de exposiciones itinerantes, sesiones de discusión e intercambio de proyectos que las entidades compran y venden entre sí en este evento.

-Es de suponer que la mayoría vienen a vender, ¿no?

-No, que va. Hay muchos museos que acuden no para ofrecer proyectos, sino para comprarlos, porque por sí mismos no producen nada.

-¿Qué exposiciones tienen para ofrecer ustedes?

-Hay dos. Una es Head to head , que aborda la imagen de los políticos desde tres facetas: primero en campaña, luego cuando son elegidos y cambia su iconografía (para lo cual hemos enviado cartas a los gobiernos de todo el mundo y las hemos recibido también del Rey Juan Carlos) y por último, las formas de atacar a los enemigos políticos. Esta exposición la inauguraremos dentro de dos semanas, coincidiendo con las elecciones en estados Unidos, porque Obama y McCain son visualmente muy interesantes.

-¿Y la otra?

-Es sobre Michael Comte, uno de los fotógrafos más conocidos en el mundo de la publicidad y la moda, que trabaja desde hace más de 30 años, pero hasta ahora nadie le había dedicado una exposición. Comte es el autor, por ejemplo, de la última campaña de Nespresso con George Clooney, y nuestro enfoque sobre él aborda su interesante modo de trabajar. Es un artista que crea una complicada escenografía alrededor de cada foto, de dimensiones enormes, para luego quedarse solamente con un detalle. En el caso de Clooney, tenía media hora para hacerlo todo, trabajando con 40 personas a su alrededor, chicas, fruta, de todo para que George Clooney se relaje y se tome su café.

-¿Y buscan colaboradores para poder realizar alguna?

-Sí. Para una exposición histórica sobre una creadora muy interesante, Charlotte Perriand, fotógrafa y colaboradora de Le Corbusier, con el que diseñó algunos de sus muebles más célebres dentro del Art Brut.

-Por lo que se puede apreciar, el Museo de Diseño de Zúrich abarca muchos ámbitos...

-Sí, todo lo que tiene que ver con las artes aplicadas. Empieza con la arquitectura y termina con el diseño gráfico. En alemán, la palabra gestaltung tiene un significado más amplio que diseño, se acerca más a la idea de creación y define nuestro perfil. Somos un museo que pesca en muchos «lagos» y que abre terrenos de investigación muy ricos. A mi juicio, los proyectos más interesantes son aquellos en los que el diseño cruza fronteras con la sociología y la política. Eso es lo que compone nuestra música. No nos interesa hacer cosas como reunir a los diez mejores diseñadores del siglo XX. Vamos más allá de la simple recopilación.

-Después de haber participado en estas jornadas ¿Se puede apreciar alguna tendencia común a todos los museos?

-Este año ha habido muchos proyectos monográficos, que se agradecen porque son más fáciles de comunicar. Es como pescar con arpón, en vez de hacerlo con una red. El problema común que notamos en todos los museos es que el público tiene una nueva manera de consumir. Prefieren ver lo que ya saben, lo que conocen de antemano. No están predispuestos para que les descubras algo nuevo. Los visitantes que entran en un museo de Bellas Artes se van directamente a ver a la Marilyn Monroe de Warhol, aunque la conozcan muy bien. O se van al cine a ver una de James Bond, aunque ya sepan de antemano cómo es la película.

-¿A qué lo achacan?

-Creo que tiene que ver con las nuevas tecnologías del ocio y la comunicación, con la omnipresencia de Internet, los periódicos gratuitos, etc. Todo es muy rápido y superficial. No estoy seguro de que sea un problema, pero es una realidad. La gente quiere el impacto inmediato, que también es bueno. Por ejemplo, la exposición de Paul Strand en la Barrié empieza con un texto grande y comprensible que te da las claves en dos minutos. Nosotros también lo hacemos así. Tenemos mucho público de Japón, que tienen exactamente diez minutos por museo.

-¿Cuántos museos hay en Zúrich?

-Muchos. Tenemos cincuenta, pero la mayoría son muy pequeños y dedicados a las cosas más variopintas.

-Usted ya conocía la Barrié, como comisario de la exposición «Cien pósters para un siglo...

-Sí, es una institución envidiable, un ejemplo. Cuando su directora presenta su forma de trabajar, los demás pensamos: ¡guau, así es como tenía que ser!. No conozco una fundación tan potente y abierta a la gente en toda Europa. Tiene un banco detrás, pero en Suiza yo tengo que suplicar a entidades bancarias veinte veces más grandes y recibo en dos años lo que la Barrié gasta en una semana. La actitud es totalmente diferente, y creo que tiene que ver con el espíritu del fundador, y no es caridad. Es muy profesional.