«Soy abogada, pero aquí trabajo limpiando casas»

Xulio Vázquez

VIGO

Dice que la contratan por horas y que en este momento atiende a cinco domicilios

15 oct 2008 . Actualizado a las 11:51 h.

Es licenciada en Derecho, pero se va defendiendo con mucho trabajo en el servicio doméstico. Un peaje que ha tenido que pagar Julia Altagracia Fermín Abreu (33 años), como le sucede a muchos de los inmigrantes que residen en Vigo. Resulta curioso que haya nacido en la República Dominicana (una isla que fue denominada durante mucho tiempo La Española) porque aquí le exigen los mismos requisitos que a cualquier extranjero. Lleva casi seis años y, aunque ya cuenta con la tarjeta de residencia, todavía no le concedieron la nacionalidad española.

Pertenece a una familia de tres hermanas, que vivía en la capital de Santo Domingo; una de ellas también está en Vigo, con esposo e hijos (desde hace tres años) y la otra reside en EE. UU. con los padres. Antes de emprender el camino de la emigración, Julia Altagracia se hizo abogada penalista. Incluso tuvo tiempo de ganar algún caso recién graduada. «Conseguí que a alguna madre divorciada le pagase su ex marido la manutención que le correspondía a los hijos», dice con orgullo de madre porque ella también tiene dos muchachos aquí y en edad escolar.

Hace escasos días estuvo en su país y visitó a la familia materna. También se reencontró con algunos compañeros de carrera, convertidos en fiscales y jueces. «Sentí nostalgia por mi profesión porque soy abogada, pero aquí trabajo limpiando pisos. Deseaba seguir con la carrera judicial. Era la vocación de mi vida. Sin embargo, no descarto que en un futuro regrese definitivamente y vuelva a retomarla», afirma.

Deseo de superación

El 7 de abril del 2003 se despertó con una canción del grupo neoyorquino Aventura (integrado por dominicanos). Escuchó lo de «son las cinco de la mañana y yo no he dormido nada...». Acababa de llegar en avión a Madrid y había pasado el viaje en vela, consciente de la determinación que había tomado al emigrar a Vigo. «Fue por un deseo de superación porque la economía de mi país estaba muy mal. En ese tiempo el sueldo medio en la República de Santo Domingo no alcanzaba los 50 euros. Ahora está entre los 250 y 300 euros», explica.

Dice que la animaron algunas amistades y también unos parientes que habían probado fortuna en Vigo antes que ella. De sus inicios, guarda buenos recuerdos. «Esos primos me acogieron muy bien y trataron de buscarme trabajo. El primer empleo que tuve fue de dependienta en una tienda, como si fuese un Todo a cien», manifiesta sonriente.

Pronto entró a trabajar en el servicio doméstico y se fue multiplicando para hacer horas extras en la hostelería durante los fines de semana. «Estuve sirviendo en casas de gente mayor, familias numerosas, donde podía. Entonces tenía a mis dos hijos allá, pero ahora viven aquí conmigo porque quiero darles estudios. El mayor se llama Rafael y tiene 12 años, y el menor, Ezequiel (8 años). Los dos están en el colegio Quiñones de León», afirma.

Asegura que no le causa trauma el hecho de no poder ejercer su carrera de abogada. «Ya venía mentalizada para este tipo de trabajos porque estuve consultando sobre la posibilidad de que me homologasen el título, pero resulta muy complicado. Tendría que estudiar algunas materias más, aunque hay asignaturas que me las convalidan, pero no se con certeza las que serían. Además tengo que centrarme en mis hijos. Los estudios son muy caros y yo no estoy en condiciones de pagarles una universidad», asiente con resignación.

Actualmente, acude a trabajar por horas en el servicio doméstico y también en la hostelería. «Me organizó mejor con mis hijos, aunque estoy acudiendo a limpiar a cinco domicilios. A veces plancho la ropa e incluso les cocino. Por ejemplo, los lunes y miércoles voy a una casa y, por la tarde, a otra. Así voy resolviendo, aunque se nota la crisis en todo», apostilla.