«Al principio los amigos me decían que estaba loca, que ellos no tendrían tiempo, pero lo encuentras»
VIGO
El caso de Patricia Cerdeira y su familia es digno de admiración, como de hecho ya lo es en su entorno. A estas alturas han acogido a seis menores, de los que todavía dos residen en su hogar. Adrián, que lleva más de seis meses en casa, y Yago, quien ha batido el récord de estancia. Llegó al hogar con apenas dos meses y está a punto de cumplir dos años.
Patricia siente especial debilidad por los bebés. Todavía recuerda cuando se ofrecía a quedarse con los hijos de los amigos y nunca se los dejaban. Prefiere cuidar que educar. De lo último ya practicó con sus tres hijos de 20, 17 y 14 años. Reconoce que se encariña con todos los niños que ella y su marido, Ángel Núñez-Torrón, han acogido y que lo pasó muy mal cuando tuvo que desprenderse del primero. Después se mentalizó al pensar que solo si se iban podrían recibir a otros.
«Al principio los amigos y todo el mundo me decía que estaba loca y que ellos no tendrían tiempo, pero lo encuentras, sobre todo si te gusta», explica Patricia, quien en lugar de optar por una vida cómoda ha preferido dedicar su tiempo a los más necesitados. Un hecho, sin duda, digno de admiración y reconocimiento, máxime cuando en su casa los menores acogidos son como de la familia. Con ellos viajan, navegan, salen a comer fuera y, lo que es más importante, cubren todas sus necesidades. De hecho, a Yago le tuvieron que operar de la cabeza con apenas cuatro meses. Cuando lo acogieron ya lo sabían, pero lejos de ser un obstáculo, se convirtió en un motivo más para abrirle los brazos.
A quien quiera seguir su ejemplo recomienda tener muy claro que todos los niños se van tarde o temprano porque tienen su propia familia y lo mejor que les puede pasar es precisamente recuperarla.