«Fui pastor, estudié para imán y ahora trabajo en la barra de un bar en Vigo»

Xulio Vázquez

VIGO

A los pocos días de establecerse en la ciudad con su esposa tuvieron que marcharse a trabajar a Londres porque se sentía muy mal al no saber hablar en castellano

07 may 2008 . Actualizado a las 12:06 h.

Es el único turco que hay en Vigo y, precisamente, el idioma fue la gran muralla que tuvo que derribar Mustafa Alkinsoy Aktas para poder adaptarse a su nueva vida aquí. Se estableció en 1997 con su esposa viguesa, pero tras unos meses de pasarlo mal, al no pronunciar ni palabra de castellano, decidieron irse a Londres, donde tiene a dos de los hermanos y con los que trabajó en sus negocios de hostelería.

Retornó tras tres años de estancia en la capital del Támesis y con su esposa embarazada. Hoy día regenta el bar Mus, en el número 12 de la calle Gregorio Espino, y ya piensa en abrir otro local en una zona próxima. Habla el español con desparpajo y muchos clientes le gastan bromas, diciéndole que quieren ayudar a Mus. «Porque en Navidad les regalé unas carteras, en las que puse ayuden a Mus», afirma. En su bar exhibe fotos del futbolista turco Nihat y se declara seguidor del Celta y Villarreal.

Recuerda que de muchacho pastoreaba el rebaño de un señor feudal en su pueblo natal de Aksaray en la Capadocia. Tiene archivada en su cerebro una cifra exacta de esa época que nunca se le borra: 500 ovejas, 4 perros para hacerle frente a los lobos y 1 burro. También alimentaba un sueño mientras balaba su rebaño. «Mis padres eran pobres y yo pensaba cada día en cómo huir de la pobreza», dice con cierta amargura, como si por un instante reviviese esos difíciles años de su juventud.

Pero no se lo pensó tres veces y siguió el camino de otros muchachos, marchándose a una gran ciudad como Ankara o Estambul. Y se fue a esta última en busca de «vida y oro». Una mejor fortuna que le fue sonriendo a medida que subía de escalafón, desde empleado de la limpieza en un hotel hasta convertirse en el relaciones públicas porque ya había aprendido a hablar en inglés.

Fue en Estambul donde se cruzó en su vida una viguesa que había ido de vacaciones. Se conocieron, se cartearon (se entendían en la lengua de Shakespeare), se enamoraron y se casaron. La boda civil tuvo lugar en Vigo y Mustafa ya se quedó a vivir aquí con su esposa (auxiliar de enfermería). Tienen un hijo de seis años que se llama Tais. «Significa suerte, lluvia, terremoto. Es medio gallego y medio turco», señala un padre rebosante de alegría.

Mustafa dice que no se casó por la iglesia porque él es musulmán y mantiene su religión. Incluso se había hecho imán. «No como carne de cerdo ni bebo alcohol, aunque en mi casa tengo algunas botellas de marca, pero son para los amigos. Me fastidia no poder comer el lacón con grelos. Sin embargo, no tengo ningún problema con el marisco», explica. Tiene ayunado en el Ramadán, aunque aún no ha podido ir a La Meca.

«Fui pastor, estudié para imán y ahora trabajo en la barra de un bar en Vigo», manifiesta satisfecho por su plena integración.