Quiere que su bautizo aéreo sea en una compañía nacional y, luego, poder fomar parte de la tripulación de un Airbus. Incluso envió un currículo a Emiratos Árabes
23 abr 2008 . Actualizado a las 11:51 h.El mandatario ruso Vladimir Putin negó hace algunos días que tuviera algún romance con una bella gimnasta rusa a la que casi triplica en edad. Sin embargo, dijo, en una reciente visita a Berlusconi, que las mujeres de su país son las más hermosas del mundo. Ese piropo bien podría incluir a la compatriota suya Zilya Asylguzhina (30 años), aunque ella dice que es bashkira, de la República Bashkortostán (Bashkiria con la URSS), donde se habla un idioma muy parecido al turco. Lleva dos años en Vigo y llegó aquí de la mano de su marido, un vigués al que había conocido un año antes en Almería, donde trabajó de camarera.
Sigue de camarera, pero en un bingo, aunque por muy poco tiempo. «Soñaba con ser azafata en Rusia y acabo de hacerlo realidad en Vigo», afirma. En Ufa, su ciudad, no había cursos y la lista de espera para acceder a ello era de diez años como mínimo, debido a que le pedían un título universitario. Tampoco podía conseguirlo vía Moscú porque le exigían que fuese residente. Sonríe cuando se le menciona si tuviese la posibilidad de formar parte de la tripulación de un Tupolev. «No me dejarían porque en Rusia las azafatas no pueden estar casadas», señala.
Puestos a elegir, lo que le gustaría a Zilya sería bautizarse en las alturas con una línea nacional para poder conocer mejor España, aunque lo que realmente desea es llegar a formar parte de la tripulación de un Airbus en líneas internacionales. A pesar de viajar, considera que tendrá más tiempo libre para poder estar con su marido.
Antes de su aventura española había estado en Turquía con un grupo de gimnasia, haciendo animación y bailes tradicionales. Le habló de España por primera vez una coreógrafa colombiana. Consideró entonces que no le resultaría fácil aprender el castellano, pero en poco tiempo ya ha conseguido hablarlo con desparpajo. Estudió filología inglesa, una asignatura que le facilitó las cosas en el curso de azafata que realizó en poco más de tres meses en la academia viguesa Air Hosters. Incluso envió un currículo a los Emiratos Árabes. «Espero que no tenga que llevar un velo», bromea.
A Zilya no le disgustan los uniformes. Estaba acostumbrada a ver a los soldados de su país en una ciudad militarizada próxima a la suya. Incluso contaba con un búnker para el presidente por si se producía una guerra atómica. «Ya me acostumbré a usar el uniforme en el curso de azafata y ojalá pueda estrenar uno cuanto antes», dice con ansiedad.
Se declara musulmana, pero no practicante. «Estuve casada con un compatriota que es islamista y nacionalista. Me dice que estoy en pecado porque me volví a casar con un católico y no me da permiso para que mi hijo pueda venir a vivir conmigo, aunque él ya va con el cuarto matrimonio y se ha despreocupado del hijo, que está al cuidado de mi madre», afirma resignada.