«De la guerrilla sandinista pasé al servicio doméstico en Vigo»

Xulio Vázquez

VIGO

Participó en el levantamiento de barricadas y en la distribucción de armas en las calles de Managua, pero hoy día está decepcionada por la corrupción en el partido

16 abr 2008 . Actualizado a las 11:27 h.

El revolucionario nicaragüense Augusto Nicolás Calderón Sandino escribió en su día: «Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán». Esa semilla fructificaría muchos años después en otros compatriotas suyos, como ha sucedido en el caso de Melba Berrios Cruz. Nació en Managua (1960) en el seno de una familia numerosa (ocho hermanos). Pero lo que la trajo a Vigo no ha sido la lucha armada, sino su espíritu aventurero. Vino de vacaciones en el año 2000 y conoció a Manolo. «no es el de los chistes», aclara. Lo cierto es que se enamoró y, al año siguiente, regresó de su país para iniciar aquí una nueva vida. «De la guerrilla sandinista pasé al servicio doméstico en Vigo», afirma como esbozando un suspiro.

No llegó a casarse y formaron, como ella dice «una pareja de deshecho, quiero decir de de hecho», bromea. Le gustó la ciudad, aunque más le gustaba él. También le tentó la posibilidad de conseguir aquí un trabajo más remunerado para darle un mejor porvenir a sus dos hijas fruto de un anterior matrimonio. Tenía la experiencia de haber trabajo para un proyecto agropecuario de una oenegé holandesa en Nicaragua. «Era la secretaria principal del presidente y disponía de un buen salario en comparación con lo que se cobra en mi país, además contaba con una casa propia», señala.

Sin embargo, se fue dando cuenta que la emigración no es un camino de rosas y que ha tenido que aceptar otro tipo de trabajos, desde cuidar niños, ancianos y otras labores domésticas. «Cuando leía algún anuncio de que se buscaba chica de 21 años y con experiencia, ya me di cuenta de que no lo tendría fácil. Además la primera vez que fui a trabajar a una casa ya me despidieron ese mismo día. La señora me dijo a la noche por teléfono que era lenta y que no fuese al día siguiente», explica. Y eso fue hace casi ocho años, cuando el número de extranjeros en Vigo era mucho menor. Cree que ahora en este campo no lo tiene tan complicado, pero se siente pluriempleada porque son demasiadas horas las que le dedica diariamente para conseguir un sueldo digno.

Asume que muchas veces son los propios inmigrantes quienes consienten situaciones de sobreexplotación laboral, pero los exime de culpa. «No tienes otro palo para ahorcarte, como decimos en mi país», señala.

Se declara sandinista de corazón y recuerda con nostalgia cuando luchó con la guerrilla en su juventud para derrocar a Somoza (1979). Participó en el levantamiento de barricadas y huelgas en las calles de Managua. No le importaba jugarse la vida con tal de conseguir armas y facilitárselas a los que estaban en la primera línea. Más de una noche también se arriesgó a que la detuvieran cuando hacía pintadas alusivas a la Revolución Sandinista: «Patria, libre o muerte». «Sandino vive» «Muerte a la dictadura».

Todavía conserva en su casa la bandera roja y negra de aquellos años de ilusión. Pero desencantada con lo que sucedió después y muy defraudada con el actual presidente Daniel Ortega. «Para ganar tuvo que presentarse por cuarta vez y hasta llegó a cambiar la ley para poder acceder al poder», señala. «La gran decepción que me llevé fue la falta de democracia y la corrupción que se produjo en el partido que había hecho la revolución. Fue algo que no se esperaba», añade.