Cinco años y unas pocas semanas sin Queca Merino

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

Lo dejó bien claro Fernando Ramos, conductor del acto o, como él mismo se definió, «el cemento», en el inicio del acto: «Esto no es un homenaje póstumo. Estamos aquí para oficiar esa práctica según la cual mientras alguien nos recuerde seguiremos vivos». Y eso fue lo que hicieron el miércoles un puñado de amigos de Queca Merino, esa inconfundible voz que se apagó prematuramente hace cinco años y unas semanas.

Intervinieron personas que la conocieron bien y desgranaron recuerdos en primera persona. Los más emotivos, sin duda, fueron los de Armando Guerra, su compañero de toda la vida, y su hija Antía, que empezó su intervención con las mismas palabras que Queca empleaba cada vez que se sentaba ante un micrófono (o sea, a diario) para comprobar que todo estaba en orden: «Tacón, punta, tacón». Explicó que no hacía sino seguir el consejo que siempre le daba su madre: «Empieza lo grande por lo pequeño y lo difícil por lo fácil». Armando, por su parte, se limitó a dar las gracias a todos porque no se sintió con fuerzas de más: «Después de cinco años creí que estaban más cerradas las heridas de lo que veo que están», afirmó.

El acto incluyó la proyección de un vídeo, en el que se repasaba someramente la vida de Queca, en el que no faltó una referencia a sus años de deportista de élite. No es su faceta más conocida, pero vistió muchas veces la chaquetilla blanca de la selección española de hockey sobre hierba, especialidad en la que Vigo descolló en su día.

A continuación pasaron por el estrado Gerardo González Martín, Xosé Luis Portela, Maite Gimeno, Ricardo García y Bieito Ledo. Por su parte, Méndez Ferrín envió sus recuerdos de Queca en un folio en el que, entre otras cosas, decía que «ela formaba parte desa familia miña que non me veu dada senón que elixín».

Gerardo, su primer jefe, se detuvo en el contexto en el que Queca nació para la radio. Aquel Vigo de 1972 en el que una emisora, Radio Popular, tenía (cuando todavía no tocaba) permanentemente abiertos los micrófonos a la oposición política, sindical y vecinal. «Aprovechamos todas las rendijas, las forzamos incluso, para llevar aires de libertad a las ondas cuando vivía Franco, paradójicamente titular del carnet número uno de la profesión».

Portela, por su parte, subrayó que tenía el don de la voz, «ese que te hace pasar de oír a escuchar» y, sobre todo, «que el día que llegue la cruz de la moneda quiero ser capaz de tener la elegancia y la valentía que tuvo Queca».

Maite Gimeno reconoció que se acuerda de ella cada día y que guarda premeditadamente el teléfono en su agenda. Finalmente, Bieito Ledo empezó por agradecer a los inspiradores de la cita su memoria histórica. Lo decía con segundas y hasta con terceras. Y es que su relación con Queca tuvo mucho que ver con los Premios da Crítica de Galicia, cuyas galas presentó de forma altruista durante años. «Ahora nos presentan a bombo y platillo unos Premios Galicia como el gran descubrimiento, cuando resulta que en Vigo lo teníamos resuelto hace 30 años».

Entre las primeras cabe citar las de Carlos Núñez, Carmen Parada, Antonio Montero, Avelina Barreiro, Xosé Manoel Pérez, Élida González, Virgilio Costas, Segundo Rodríguez, Félix Vidal, Rosa Martínez, Xosé María Palmeiro...

Respecto de las segundas, la mayoría fueron involuntarias. Ricardo García lanzó desde el estrado durante su intervención un aviso a navegantes (en este caso a organizadores) en relación con este capítulo: «Muchos que no están aquí os van a tirar de las orejas». La intención es lo que cuenta, así es que tendrá que ser por fuerza un tirón cariñoso.