La boliviana embarazada que había acudido a la concentración del miércoles en apoyo de su compatriota Lizbeth Castro por la denuncia a un policía local de «coacción, agresión y racismo», y como medida de presión para que no expulsasen a su marido, tuvo que resignarse ayer por la mañana temprano a observar desde la distancia como dos policías de paisano acompañaban a su marido para el embarque en el aeropuerto de Peinador.
Se trata de la joven de 18 años Ilda García, quien espera dar a luz en un período de unas tres semanas (dicen que será niña) aquí, en Vigo, pero su marido el joven boliviano Enrique Castro no podrá acompañarla en el parto. Partió a los nueve de la mañana de ayer rumbo a su tierra, deportado (por carecer del permiso de residencia).
Dicen que ni le dejaron despedirse de Ilda. Ella quiso acercarse, pero un policía le conminó a que se fuese de allí «si no quería que la detuvieran», según nos confirmó una amiga suya. Sólo pudieron decirse adiós con la mirada. Para cuando él regrese a España, si todo va bien en el parto de su esposa, el bebé ya tendrá tres o cinco meses. Éste es el tiempo al que le emplazaron por si quería volver como turista. Hoy llegará a Teneria-Camero (Bolivia), tras viajar en avión hasta Madrid y proseguir hacia Perú.
Un compañero del boliviano deportado llegó a decir ayer que había otros cinco detenidos. Sin embargo, en Extranjería confirmaron que no tenían noticias al respecto, desmintiéndolo. Aunque informaron que este año se habían producido más expulsiones de bolivianos por la sencilla razón de que «vienen sin papeles y no pueden quedarse más del tiempo permitido».
Indispuesta
También en la tarde de ayer estaba previsto que Ilda García ofreciese una rueda de prensa en el bar que regenta Lizbeht Castro, pero no compareció, porque se encontraba indispuesta, dado lo avanzado de la gestación de su bebé y por el gran nerviosismo que había pasado por la mañana al no poder impedir la expulsión de su esposo. Según manifestó su compatriota, estaba tan dolida y triste que hasta llegó a plantearse la idea de irse a Bolivia para reunirse con Enrique Castro. «No hay nadie que le dé un euro. Además, ahora, le falta el apoyo de su marido. Está en el último mes del embarazo y se puso mal. Unas amigas iban esta tarde (ayer) a consolarla y llevarla al hospital, porque tenía unos dolores en el vientre e incluso lloró mucho», afirmó Lizbeht Castro. Sin embargo, a medida que avanzó la tarde y se sintió acompañada por sus amigas, Ilda García fue recuperando fuerzas y, fuentes de sus círculo próximo, aseguraron que había tomado la determinación de quedarse en Vigo, asumiendo que nacerá aquí su hija (si se cumplen los pronósticos médicos).
El mismo grupo de una treintena de bolivianos, que se había concentrado el día anterior frente al Marco, fue el que acudió en la mañana de ayer a Peinador. Aseguran que fueron por «solidaridad» y que llevaban la mismas pancartas, con un gran retrato de Enrique Castro, «pero qué podíamos hacer para impedir su deportación». «Nos enojó mucho que no le dejaran despedirse ni de su esposa ni de sus sobrinos», afirmó un boliviano que le brindó su apoyo.