La calidad de los jugadores de vanguardia toma protagonismo en detrimento de una defensa dubitativa
El Celta pudo haber encontrado ante el Xerez el camino del éxito. La propuesta más ofensiva de la temporada fue la que mejor resultado y rendimiento le dio a Stoichkov, lo que curiosamente puede significar la metamorfosis de un equipo que comenzó sobrio atrás y con miles de dudas arriba y que de repente ha demostrado una importante capacidad de llegada. La calidad de sus hombres de creación y enganche y el papel de Okkas tienen la culpa de la transformación.
El manual de Segunda dice que lo más importante es la defensa. El mantener la puerta a cero y esperar una oportunidad. A ese decálogo pareció engancharse el cuerpo técnico del Celta desde el principio, de hecho en verano apenas recibió goles en contra. Pero llegada la Liga el sistema defensivo celeste ha acumulado demasiados borrones con excesivos goles infantiles encajados. El último, el de Yordi en Balaídos propiciado por un contragolpe de un equipo que iba perdiendo.
De un modo proporcional a las dudas que la defensa ha ido generando, el grupo de ataque ha ganado confianza. Empezando por un Jorge Larena capaz de dibujar asistencias inverosímiles, con un Canobbio que todavía dista mucho de su mejor forma pero que tiene gol y pegada, con un Diego Costa que niñerías aparte destila calidad por los cuatro costados, con un Okkas que además de hacer goles saber cómo abrir la defensa rival y cómo crear espacios y por un Perera que demostró en media hora que en Segunda División debe ser un jugador importante. El sábado por primera vez todos ellos coincidieron en el campo y el Celta disfrutó de más ocasiones que nunca. Hizo tres goles, pero hay que registrar hasta una docena de oportunidades.
Movimientos
Esa metamorfosis ha ido creciendo de un modo paralelo al movimiento de peones que han decretado los técnicos celestes. Comenzaron con Javi Guerrero como punta de lanza acompañado de Canobbio en el estreno ante el Córdoba, en Castellón tomó la alternativa Manchev y ante el Éibar Quincy, pero en los tres casos el equipo apenas fue capaz de generar ocasiones en la portería contraria.
De hecho dos de los tres primeros goles de la Liga (jornadas dos y cuatro) llegaron en apariciones esporádicas en ataque y llevaron la firma de Núñez, un centrocampista que desde su época del Castilla no se había caracterizado como goleador.
La cita de la quinta jornada fue la del despertar ofensivo. Okkas anotó dos goles pero además Jorge Larena comenzó a tener presencia en un equipo que se cargó a un pivote de contención en detrimento de uno creativo. Los cambios ofensivos de Manchev y Costa ayudaron a los celestes a crear un buen ramillete de oportunidades ante el Las Palmas.
El partido ante los insulares comenzó a enseñar el camino y Stoichkov todavía aumentó la apuesta dando entrada a Canobbio en Elche. La idea le pudo funcionar si el Celta acertase en alguna de las muchas ocasiones que tuvo antes de recibir el primer gol. La teoría quedó completamente confirmada ante el Xerez con el equipo más ofensivo de toda la temporada.
Por lo visto, y aunque estas siete primeras jornadas no dejan de ser una muestra, el ataque es el camino a seguir.
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