El botellón se dispersa en pequeños grupos repartidos por toda la ciudad

VIGO

El fenómeno del macrobotellón podría estar tocando techo en la ciudad a juzgar por la tendencia que se advierte en los últimos tiempos. Los grandes encuentros de masas están dando paso a pequeños grupos de jóvenes que se reúnen en torno a unas botellas y a mucha charla. Las consecuencias son menores, al comportarse sus integrantes de una forma más cívica.

El parque de O Castro es uno de los escenarios donde más se advierte este cambio de hábitos. Los adeptos al botellón han sustituido este tipo de espacios naturales por otros urbanos, en pleno corazón de la ciudad, como la propia calle del Príncipe y, sobre todo, en sus transversales.

Soportales de viviendas, comercios, entidades bancarias, pequeñas plazoletas o incluso pisos son algunos de los lugares en los que se organizan cada vez más botellones, aunque todavía se da el caso de lugares como la plaza de la Estrella y Montero Ríos que consiguen atraer masas.

Falta de espacios

Para la presidenta de la Federación de Vecinos, Elena González, la falta de espacios en los que poder reunirse y hablar tiene mucho que ver con este fenómeno. Ésta es, a su juicio, la parte positiva, que las administraciones deben aprovechar para canalizar otras iniciativas, mientras que el tema del exceso de bebida se solucionaría poniendo alternativas sobre la mesa.

La dirigente no es partidaria de prohibir este tipo de manifestaciones «porque no serviría de nada». Por el contrario, reivindica la figura de los mediadores vecinales, una opción que presentará al Concello y a la Xunta en fecha próxima para que colaboren en su puesta en marcha. Serían personas próximas que, sobre todo, facilitarían información. En opinión de Elena González uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la juventud es precisamente a esa falta de información en los más diferentes ámbitos. Y eso, paradójicamente en esta era.

No a los guetos

La Federación de Vecinos es totalmente contraria a la creación de guetos para el botellón, como ya se ha hecho en algunas ciudades españolas. Desplazar estas celebraciones a las afueras de Vigo podría traer consigo el incremento de los accidentes de tráfico.

«La gente joven tiene que buscar su espacio y al mismo tiempo darse cuenta de que si hay un lugar en el que se encuentra a gusto, debe cuidarlo» advierte la presidenta de la entidad viguesa, quien incluso se muestra partidaria de que se beba de forma moderada.

Reconoce que de momento las administraciones no han hecho nada y que van a caballo de este fenómeno social, como sucede en otros muchos casos. «Ni se previene, ni se ofrecen alternativas», añade. En su opinión, esta forma de actuar puede derivar con el paso del tiempo en un caos. Cita como ejemplo la ausencia de policía de proximidad, tan eficaz en las cuestiones que más afectan a la ciudadanía.

En ningún momento pone en duda el derecho de los vecinos a descansar, algo que considera sagrado y compatible con el de los jóvenes a divertirse.

«La mayoría de los que queremos descansar, tenemos hijos que quieren divertirse», añade Elena González.

En este sentido, el papel de las administraciones debe ser decisivo para compaginar ambos aspectos sin caer en la represión, que sería, sin duda, lo más fácil y también lo más contraproducente para eliminar hábitos poco saludables.