| José Tomás Román Martín
Una mezcla de elegancia y gallardía convierte a José Tomás (Galapagar, Madrid, 1975) en uno de los últimos mitos en activo del toreo. Sus señas de identidad no hablan solo de arte y sentimiento, sino también de valor, del que deja constancia en 28 cornadas a lo largo de su carrera, alguna de ellas muy grave.
Por eso se le compara con los grandes: Joselito y un Manolete al que admira y se esfuerza en emular, reverenciando su talento y fortaleza mental para afrontar el riesgo y la cercanía del toro.
Sobrino-nieto del ganadero Victorino Martín, su amor por la tauromaquia se la infundió su abuelo Celestino Román, con el que acudía de niño a Las Ventas.
Como torero recibió la alternativa el 10 de diciembre de 1995 en la plaza de México, de manos de Jorge Gutiérrez y con Manuel Mejía por testigo. Dio la vuelta al ruedo por la faena con su primer toro y fue cogido en el segundo: el arte y el riesgo definían ya entonces su desempeño profesional, que no ha cambiado.
Tras sus sonados triunfos en San Isidro, se retiró del toreo entre los años 2002 y 2007, en medio de un arcano hermetismo que le confirió cierto aire de misterio que ya no le abandonaría.
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