La localidad ourensana de Castrelo de Miño celebró ayer el primer encuentro nacional de granjeros virtuales aprovechando el tirón de las redes sociales
28 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Si su huerta fuera real seguramente no sabrían ni cómo plantar unas semillas, pero en la tierra cibernética ellos son capaces de obtener las mejores cosechas y de mantener bien cebados a los animales más peculiares.
Son los granjeros virtuales, una nueva generación de agricultores que nunca han visto crecer un tomate ni saben cómo manejar un tractor, pero están dispuestos a poner sus despertadores a las horas más intempestivas para encender sus ordenadores y recoger sus cosechas y así no perder el dinero de su venta.
Y es que, además del lógico entretenimiento que supone el juego virtual, obtener jugosas ganancias con las que ir comprando más tierras y más posesiones -se puede hasta adquirir una lujosa mansión- es el objetivo que persiguen estos agricultores, que hasta presumen de tener las granjas mejor pobladas y cultivadas de su entorno.
Tan increíble ha sido el fenómeno granjero desatado desde hace algunos meses en las redes sociales y aglutinado en juegos como Farmville, Farm Town o Amigos de la Granja, que el Concello de Castrelo de Miño se animó a organizar ayer el primer encuentro nacional de granjeros virtuales. Aunque finalmente la participación real fue menos abrumadora que la que se había confirmado a través de la Red, la iniciativa resultó cuando menos una peculiar forma de mezclar las nuevas tecnologías -que aportan la gran ventaja de no necesitar más sacrificio que el del cálculo y la estrategia- con las formas de la agricultura más tradicional, más complicadas pero de resultados más suculentos.
No en vano, a pocos metros del lugar en el que una veintena de cibernautas competían para conseguir los mejores girasoles -uno de los cultivos más rentables, al parecer- se celebraba la primera feria de productos agrícolas, de artesanía y conservas caseras.
«Si eres listo puedes incluso triplicar tu inversión», explicaba ayer una de las participantes, que confiesa que dedica a esta afición al menos una hora cada día. Tanto ella como el resto de internautas sembraron ayer sus semillas, dieron de comer a sus animales -algunos tan curiosos como las vacas alienígenas- o decoraron sus propiedades, compitiendo por ser los mejores y obtener la más alta cantidad de monedas.
Eso sí, pese a lo avanzado de un método que permite conseguir cosechas en menos de 24 horas, la garantía del éxito sigue dependiendo de costumbres tradicionales como la ayuda entre vecinos para gestiones como la fertilización del terreno.
