La Conferencia Episcopal presentó ayer la Declaración ante la crisis moral y económica, texto aprobado en la sesión plenaria que celebró a finales del mes pasado y en la que los obispos apuntan que las causas de la grave situación económica radican en «la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia, que es la raíz de todos los males, y la carencia de control de las estructuras financieras, potenciada por la economía globalizada». Denuncian los prelados que la crisis afecta sobre todo a «los más débiles, con especial incidencia en los países en vías de desarrollo», y que sus principales víctimas son las familias numerosas, los jóvenes, los pequeños y medianos empresarios, los agricultores y ganaderos, «que viven una situación angustiosa» y, en mayor medida aún, a los inmigrantes, a los que «no podemos abandonar a su suerte. Es evidente que la crisis infunde miedo al futuro por las consecuencias del aumento del desempleo».