Enfermeras del Complejo Hospitalario A Coruña recogen pelo para prestarlo a las enfermas de cáncer que pierden el cabello
08 dic 2009 . Actualizado a las 10:20 h.Un mínimo de seis meses. Ese es el tiempo en que el cáncer, cuando se trata de hacerle frente con quimioterapia, deja desnudas las cabezas. La caída del cabello, el efecto quizá más visible del tratamiento, no es crucial, pero en muchos casos se convierte en un estigma más de una enfermedad que muchos no quieren enfrentar cada mañana ante el espejo, sobre todo cuando la lucha es tratar de que la vida siga su curso sin que la falta de pelo señale por la calle, en casa o en el trabajo, que la batalla no ha terminado.
Fue precisamente el trato con las enfermas, en este caso de cáncer de mama, lo que llevó a un grupo de enfermería del Hospital Abente y Lago, perteneciente al Complejo Hospitalario Universitario A Coruña, a percibir la importancia que para algunas afectadas tiene seguir conservando su imagen. «Vimos que sí les afecta, y aunque no todas quieren ponerse peluca, es una elección personal, las hay que prefieren el turbante o incluso nada, pero pensamos que las que sí lo deseaban no debían encontrarse con el impedimento económico para no hacerlo», cuenta Carmen Cereijo, supervisora de área de hospitalización. Y así surgió la idea para la que ahora reclaman apoyos: «El éxito o fracaso dependerá de las donaciones que tengamos, no queremos levantar falsas expectativas, y, desde luego, pedimos la ayuda de particulares o de establecimientos para que nos hagan llegar cuantas más pelucas, mejor». El banco acaba de abrirse con la donación realizada por una persona del complejo, y esperan que se sumen muchas más, sobre todo de las pacientes que ya han superado un cáncer. «La mayoría no quieren volver a ver la peluca delante, porque están deseando pasar página», explica. Muchas, de hecho, las tiran o incluso las dejan en sus peluquerías. Ahora, podrían tener otro destino.
«No todas tienen que ser usadas -advierte-, por supuesto estaríamos encantadas de que cualquier establecimiento que lo desease nos las hiciese llegar nuevas». María Antonia Fraga, María José Camarero y Guadalupe Cano serán las gestoras de este peculiar banco, del que existen antecedentes en el Reino Unido.
Para ello, y de forma totalmente confidencial, atenderán a todas aquellas personas que deseen donar, para después distribuir las que resulten más adecuadas a cada persona. Lo harán a través de una línea telefónica, el 981 178 008, de lunes a viernes y de 8 a 15 horas. Cada una de las pelucas será sometida, obviamente, a un tratado, lavado y acondicionado para estar a disposición de las pacientes. En el momento en que se comiencen a entregar, se les facilitará además unas recomendaciones por escrito sobre su limpieza y cuidados para su mejor conservación y, una vez superada la etapa, que pueda servir para otra paciente.
«Nos gustaría que esto tuviese repercusión -añade- porque aunque la mayoría se la comprarán, algunas no pueden hacer ese desembolso». Aunque la oferta es amplísima, una peluca de calidad media de pelo natural no baja de los 400 euros. El sistema de préstamo se iniciará en cuanto las donaciones permitan llenar una vitrina, con «una oferta variada, porque las mujeres lo que buscan es no sentirse diferentes, desean tener el mismo tono o lo más parecido posible». Cada año ven a una media de 300 mujeres con tumores de mama, de todas las edades y, por tanto, de muy diferente estilo en el corte y el color, y este es uno de los colectivos a los que se pretende abrir esta iniciativa, ideada para todas las personas que se queden sin cabello por el tratamiento, independientemente del tipo de cáncer.