«El trabajo en la cooperación no es un camino de rosas, es fácil tirar la toalla pronto»

La Voz

SOCIEDAD

Con 54 años y once de un país a otro, se podría pensar que Carlos Sánchez ha vencido ya la nostalgia. Pero no. «Echas de menos todo, en mi caso mi pareja, mi casa y mi jardín en Xuño (Porto do Son), mis amigos, las comidas, el aire del Atlántico, el paso de estaciones?». ¿Y qué le dice familia? «La pregunta es más pertinente para los jóvenes cooperantes, que dejan a sus padres preocupados, a mis 54 tacos mi familia ya no dice nada, soy mayorcito, solo queda el respeto a las decisiones tomadas, aunque no es fácil esta vida a esta edad».

A Carlos le compensa en el otro plato de la balanza «el contacto directo con los beneficiarios, escuchar todo lo que tienen que decir, la gente extraordinaria que se conoce tantas veces y aprender mucho de todas las culturas». Por ejemplo, ahora la satisfacción de «poder contribuir a mejorar las condiciones de vida de determinados sectores de la población en las zonas más pobres y degradadas de Filipinas, poder constatar resultados y esperar que esos beneficios se sostengan en el tiempo, algo que -admite- no siempre se consigue».

«No soy quien para recomendar a otros mi experiencia, pero sí diría que si alguien quiere dedicarse a esto, que sepa que no es fácil, no es un camino de rosas, exige entrega, convicciones y sobre todo, mucha vocación». Ya ha visto derrumbes prematuros: «Es fácil tirar la toalla pronto, como he visto tantas veces, gente joven que empieza con mucho furor, que se creen que van a acabar con la pobreza del país con un par de proyectos».