El conocido psiquiatra y divulgador habló en Madrid, con motivo del Día Mundial de la Diabetes, de las ventajas de ser optimista ante una enfermedad crónica o grave
15 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lleva toda la vida en Nueva York, donde dirigió los hospitales de salud mental cuando ocurrieron los atentados del 11-S, pero Luis Rojas Marcos sigue estando muy vinculado a su país natal, España, adonde acude con frecuencia a presentar libros en los que enseña a vivir mejor.
-Recientemente ha hablado de que el optimismo es bueno para afrontar la diabetes, pero es de suponer que ese optimismo es bueno para superar cualquier enfermedad, ¿no?
-En general, sí, porque ocurre lo mismo que con la diabetes tipo 2, es una enfermedad crónica, incurable y que ejerce una serie de demandas en la persona más allá de un período de enfermedad, y por eso ayuda mucho la actitud.
-¿Dónde acaba el optimismo y empieza la inconsciencia ante un problema?
-El optimismo es una actitud que se estudia desde hace muy poco. Según las investigaciones que se han hecho, hay tres componentes del optimista que ofrecen distintos grados: primero, cómo vemos el futuro, es decir, la esperanza que tenemos de superar algo; segundo, cómo vemos el pasado, es decir, si enfatizamos los aspectos positivos, las cosas que hemos logrado y si tenemos sentimiento de culpa hacia sus errores o los podemos disculpar; y, en tercer lugar, cómo vemos el presente, si ante un hecho negativo pensamos que esto no va a afectar a nuestra persona en su totalidad, va a pasar y no ha sido culpa nuestra. A partir de estos aspectos se mide la actitud más o menos positiva de una persona.
-En España, con el peso de la tradición judeocristiana, lo de la culpa es una losa para ser optimista...
-En España, como muchos países de Europa, el optimismo está mal visto. Eso ocurre desde los filósofos del siglo XVII y XVIII, desde que Voltaire caricaturizase al optimista en Cándido. Desde entonces la vida se presenta como un castigo y el que no lo vea así es por ignorancia o ingenuidad, pero en ningún caso es una persona inteligente o con capacidad para ser filósofo.
-Pero somos optimistas...
-Sí, los españoles no decimos que lo somos pero sí, lo somos mucho, no menos que los neoyorquinos, aunque ellos sí presumen de serlo. El optimismo es en general una característica del ser humano, esa capacidad para sacarle algo a la vida, y que ha permitido que no nos extinguiéramos.
-Parece que ahora es más fácil ser optimista cuando te diagnostican una enfermedad, porque no está tan mal visto...
-A medida que aumenta la información, la enfermedad pierde el elemento misterioso y fatídico.
-¿Se puede ser optimista y agobiarse al recibir un diagnóstico grave?
-Hay personas que en los primeros estadios del shock tienen a pensar «esto no puede haber ocurrido», pero es una característica de bastante gente. Otros en cambio adquieren una actitud positiva desde el principio y piensan en otra gente que ha superado cosas peores... Lo realmente útil del optimismo es que nos hace pensar que tenemos el control de nuestra vida, que va a depender de nosotros hacer algo para minimizar, controlar o superar este problema. El pesimista se siente indefenso y tiende a dejarse llevar y no poner de su parte. El optimista se pone más el cinturón de seguridad y hay estudios que dicen que sobrevive más a los huracanes.
-¿Cómo dice?
-Sí, porque busca soluciones y no piensa «que sea lo que Dios quiera». El vendedor optimista vende más, pero no porque lo haga mejor sino porque lo intenta más veces.
-Otra faceta del optimista, ha dicho usted en alguna ocasión, es que tiende a verbalizar más lo que le ocurre...
-El optimista es en general más extrovertido, y le pone palabras a los sentimientos, las preocupaciones y los miedos. Es decir, los codifica, e inmediatamente reduce la intensidad emocional de lo que siente. Eso lo sabe la gente perfectamente sin haberlo estudiado y por eso cuando ves a un amigo agobiado le dices «estás mal, a ver, cuéntame qué te pasa». Valentín Fuster, el cardiólogo, dice que comunicarse es bueno para el corazón porque baja la presión arterial.
-Que las españolas nos comunicamos y mucho, eso ya se sabe, pero, ¿y los españoles? ¿Hablan de sí mismos más o menos que los neoyorquinos?
-En España las mujeres hablan mucho, y por eso viven más años... En este país (por Estados Unidos) hay gente de muchas culturas, sobre todo italianos. Estos hablan mucho, pero también están los ingleses, estos hablan menos y sobre todo hablan poco de lo que sienten.