Normalmente es de noche cuando la fiebre decide alarmar a los padres, que deben armarse de paciencia, pasar unas horas en el hospital y quedarse tranquilos
08 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El termómetro es a la enfermedad infantil como el algodón a la limpieza de azulejos, no falla. Cuando tras los pitidos aparece un 39,4 cualquier madre sabe que se avecina una noche muy larga. La cara colorada del niño, su irritabilidad y la tos de pecho se transforman en una amenaza mayor que aquel tranquilizador «cogió frío» de la tarde. Si la fiebre persiste, toca vestir al cativo y organizarse para pasar unas horas en el hospital. Las urgencias infantiles está a rebosar de críos en bodi , padres abrigados y somnolientos, y sanitarios entrando y saliendo.
Son como mínimo tres horas de espera en las que no faltan las miradas aviesas a otros padres y mucha prudencia a la hora de permitir que los niños, con sus toses y dolores, jueguen juntos o siquiera estén muy cerca. Cuando llega el momento de ser recibido por el doctor de turno, agotado a su vez tras ver a cientos de menores, solo los padres muy organizados llevan una chuleta con el calendario de síntomas, administración de fármacos y fiebres. La mayor parte dan una información desorganizada, cuando no confusa o contradictoria, ante las preguntas urgentes y concisas de los doctores: «¿Tuvo episodios de diarrea?» «¿Cada cuántas horas le subía la fiebre?» «¿El pico más alto de fiebre?» «¿Cómo eran las heces?»...
Aunque uno ve a su hijo muy enfermo y ya calibra que tal vez lo dejen ingresado, la práctica totalidad de los casos se resuelven con el médico diciendo que lo del niño no es nada grave, y que debe pasar la gripe en casa, como siempre. Ante el amago de pregunta, el sanitario responde en un segundo: «No distinguimos entre los diferentes tipos de gripe». Por tanto, ya se sabe: ibuprofeno (Dalsy), paracetamol (Apiretal), dextrometorfano (Romilar) y ambroxol (Mucosán), poca ropa y, si eso, un baño templado.
El pediatra se despide siempre diciendo lo mismo: si los síntomas empeoran acuda con el niño a su centro de salud, mientras sus padres piensan: «Pues si pueden empeorar que me den algo ya, ¿no?». En general la gente prefiere que le den antibióticos -en este caso antivirales- para cortar por lo sano.
Lo mejor de este sistema es que los padres no vuelven al hospital a no ser que, efectivamente, el niño empeore.