«La realidad de nuestra cultura no puede ignorarse, y Europa no necesita posturas excluyentes»
SOCIEDAD
La decisión adoptada en Estrasburgo en contra de la presencia de crucifijos en las aulas causó un profundo dolor al arzobispo de Santiago de Compostela. La máxima autoridad de la iglesia gallega, un prelado de vocación marcadamente europeísta que ayer no ocultaba su tristeza por la resolución dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
-Francamente, se le nota muy dolido...
-Sí, claro que lo estoy. ¿Qué se puede decir, en estos casos...? Yo creo que la realidad de nuestra cultura no puede ignorarse, y pienso además que Europa no necesita posturas excluyentes. ¡Esta sentencia me ha causado mucha, muchísima tristeza!
-El tribunal sostiene que la exhibición obligatoria de los crucifijos en los colegios viola la libertad de creencia de los alumnos y el derecho de los padres.
-Mire, el crucifijo no ofende a nadie. Lo que nos recuerda su presencia es hasta dónde puede llegar el hombre cuando no actúa con justicia. Jesús nos habla de entrega, nos habla de servicio a los demás. ¿De verdad puede molestarle a alguien eso? ¿Cómo podemos olvidar en Europa quiénes somos, de dónde venimos...? Y creo, además, que eso tenemos que decirlo muy claro desde aquí, desde Santiago. Porque alrededor del Camino de Santiago se construyó Europa, como ya decía Goethe.
-¿Entre los ciudadanos europeos está creciendo el rechazo a los símbolos cristianos, o ese rechazo tiene una raíz fundamentalmente política?
-No, no es entre los ciudadanos donde está creciendo ese rechazo. Históricamente, Europa ha asumido los valores del cristianismo, que está en la raíz de lo que somos. La iglesia y los estados son realidades independientes entre sí, que deberían converger en un interés común: el bien de la humanidad. Una cosa es la laicidad, que no debe conllevar hostilidad alguna hacia las creencias, y otra bien diferente es el laicismo.