El espectrómetro de masas no es la única máquina que está bajo el control de Daniel Fernández Mosquera en el laboratorio de Geocronología de la Universidade da Coruña. También maneja un lector de luminiscencia, del que solo existen otros dos en toda España. Para la instalación de la tercera, impulsada por los investigadores de la sierra de Atapuerca, incluso se pidió el consejo y el asesoramiento del científico gallego. Este ingenio ofrece enormes posibilidades tanto para averiguar las subidas y bajadas del nivel del mar producidas a lo largo de la historia y determinar las previstas por el cambio climático como para datar los yacimientos históricos o fijar la fecha de construcción de elementos arquitectónicos, entre otras muchas utilidades que ya han dado pie a varios proyectos de colaboración con otras instituciones.
Juan Ramón Vidal Romaní, director del Instituto Universitario de Xeoloxía Isidro Parga Pondal, asegura que lo ocurrido con su pupilo «es un desastre». «Tenemos -dice- más de un millón de euros invertidos en máquinas que están paradas, y proyectos con Estados Unidos, Francia o Portugal, también parados. Son aparatos de una gran complejidad que necesita gente muy preparada para atenderlos. Esto nos hunde el instituto».
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