Ricardo Fandiño Vidal, el hijo pequeño del campanero, es el único de los tres que vino al mundo en la casita que había sobre el tejado. Era el año 1945 y Encarnación se puso de parto a cuarenta metros del suelo, y eso seguro que fue una señal para un niño que llegó a acompañar con la guitarra, cuando se hizo mayor, a estrellas de la talla de José Luis Perales y a Raphael. «Yo tenía cuatro años -cuenta su hermano Jesús- y recuerdo que subió la comadrona con una bolso negro. Cuando me enseñaron a Ricardo, que era rubito, mi madre, para no darme explicaciones sobre los misterios de la vida, me dijo que lo había subido la comadrona en su bolso. Y yo me lo creí, claro». La actividad de los Fandiño Vidal no se limitaba a la vida normal de una familia, a la sastrería o al tañido de las campanas. Los chavales, que eran revoltosos como correspondía a su edad, llegaron a formar un conjunto, al que bautizaron Rhytmen, en el que Jesús tocaba la armónica y Ricardito el bajo y la guitarra. ¿Y dónde ensayaban? En casa, sobre el tejado. Y sonaba divino, claro.
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