La iniciativa de Carrefour dispara la carrera de las grandes superficies por distinguirse con medidas ecológicas y sostenibles.
04 sep 2009 . Actualizado a las 15:32 h.La veda se ha abierto. El disparo de salida lo ha dado con estruendo Carrefour. El pasado martes las líneas de cajas de sus centros de Madrid y el País Vasco -y Jaén capital en agosto, a modo de prueba- dejaron de facilitar a los clientes las consabidas bolsas de plástico gratuitas para transportar la compra. Como alternativa se les ofrecen bolsas biodegradables de fécula de patata a 0,05 céntimos y otros cuatro formatos de bolsas reutilizables a distintos precios. Y, claro, también la opción de llevar el carrito o las bolsas de casa.
La medida no fue una sorpresa porque la cadena de distribución francesa llevaba meses anunciándola. Lo impactante ha sido el eco mediático y el revuelo suscitado en el sector. El gesto de Carrefour ha desatado una carrera entre las grandes cadenas de supermercados e hipermercados por reducir el consumo de las bolsas camiseta, como se las conoce en el argot, no reutilizables. Como no existe ninguna obligación legal, cada cual con su propia fórmula. Destierro total del plástico de un solo uso, sustitución gradual por otras más ecológicas, bolsas reutilizables o hechas con materiales compostables a precio asequible, descuento de unos céntimos al cliente concienciado , todo vale para no ser señalado como inmovilista. Contaminante el último.
La cadena gala ha adornado además la medida con una campaña agresiva en marquesinas, elementos de mobiliario urbano y también en algunas televisiones. En grandes caracteres aparece el lema Bolsa caca, más una pequeña píldora informativa del tipo «una bolsa de plástico tarda 400 años en descomponerse» y otras sobre las emisiones de CO2 del proceso de fabricación. En ningún punto del anuncio o cartel se menciona a Carrefour y la única pista es una web, www.echaleunamanoalmedioambiente.com , que dirige a la página corporativa de la empresa.
Quien da primero da dos veces y las demás cadenas han acusado la andanada, aunque la mayoría busca fórmulas menos drásticas. Esta misma semana Eroski anunció que un programa informático en las cajas de cobro calculará las bolsas de plástico que necesitaría el cliente para su compra y, si renuncia a ellas, le descontará de la cuenta un céntimo por cada una. Alcampo ha bajado el precio de sus bolsas reutilizables. Mercadona de momento se remite a la concienciación al ciudadano contra el despilfarro de plástico de usar y tirar. El Corte Inglés lanzó en junio una línea de bolsas reutilizables a partir de un euro y recalca en la memoria del último ejercicio que en sólo 3 meses ha entregado 7 millones menos de bolsas desechables promocionando buenas prácticas entre el personal y los clientes. Hasta Lidl, que cobraba las bolsas de plástico desde 1994, dio esta semana un paso más; las retirará de todos sus establecimientos.
¿Ecología o economía?
Los españoles derrochamos plástico. A 238 bolsas de supermercado por barba -unos 10.500 millones en total-, somos los terceros consumidores de la UE. De ellas sólo reciclamos en el contenedor amarillo el 10% según la entidad encargada, CICLOPLAST, y en torno al 60% le damos un uso final como bolsas de basura. El resto va a vertederos, al mar, a donde el aire las lleve. Las bolsas de la compra generan unas 100.000 toneladas de basura y emisiones de más de 440.000 toneladas de CO2. Y la legislación es muy floja comparada con otras del entorno. El Plan Nacional Integrado de Residuos 2008-2015 sólo marca una reducción del 50% del consumo de bolsas comerciales de un solo uso para 2010 y recortes ulteriores del 70 por ciento en bolsas no biodegradables, «mediante instrumentos de carácter económico, técnico y medidas de concienciación ciudadana», sin más precisiones.
Hay razones ambientales de sobra para adoptar medidas individuales y colectivas contra el despilfarro.