La familia gallega de Stefanía Fernández siguió el certámen por teléfono.
26 ago 2009 . Actualizado a las 13:14 h.La mujer más hermosa del planeta tiene sangre gallega. Concretamente de Nigrán, la localidad natal de su padre, a la que Stefanía Fernández viajó hace cuatro años, y de sus abuelos, que siguieron las últimas horas previas a la coronación desde su casa de Saiáns. «Pasamos toda la noche sin dormir, pero sin poder mirarla», explicaban ayer a media mañana sus orgullosos abuelos, tras una larga vigilia para la que cambiaron la almohada por el teléfono.
A Celia Acuña Costas aún le costaba, a media mañana de ayer, verbalizar «tengo la nieta más guapa del mundo» sin dejarse llevar por pasión de abuela. A su lado, Emilio Fernández, no menos emocionado, confesaba cómo, aunque su hijo (el padre de la criatura) le fue informando puntualmente de todo lo que iba pasando en la gala que se celebró en las Bahamas, quedó más tranquilo cuando vio las primeras imágenes de la coronación. «Ahora mismo aún no me lo creo, estaría más convencido si ella estuviera aquí a mi lado», señala Emilio.
La llamada
Y eso que, entonces, ya habían pasado más de seis horas de la que fue la última de un largo cruce de llamadas que cubrían el triángulo Bahamas, Venezuela, Nigrán. «Papá, ya está listo, ya la coronaron», avisó José Luis a sus padres a las cuatro de la madrugada. En segundos, se producía una segunda llamada desde Barinas, otro de los estados de Venezuela. Al otro lado del teléfono, su otra hija, Guadalupe, que también nació en Nigrán, localidad que visitó oficialmente a principios de este año en calidad de alcaldesa del municipio venezolano de Cruz de Paredes. «Viejo, ya está hecho», avisó Guadalupe de madrugada.
Emilio y Celia no pudieron seguir la gala por televisión, porque no encontraron «ningún canal que lo retransmitiera». Así que, aunque en tiempo real, fue todo por teléfono. La primera llamada, desde Nigrán, a media tarde del domingo.
Emilio, conocedor del hándicap que suponía que la antecesora en el cargo de Stefanía fuera también venezolana, temía que su hijo sufriera una desilusión. Por ello, lo llamó el domingo a las seis de la tarde y le dijo: «José, no cuentes los pollos antes de que nazcan, con que quede de segunda o tercera ya es importante». Pero Stefanía rompió las estadísticas y, por primera vez en los 58 años del certamen, una Miss Universo recibe la corona de una compatriota. Curiosamente, en el recorte de prensa de un medio venezolano que cubrió su nombramiento en septiembre del año pasado como Miss Venezuela, y que guarda Emilio con mimo, su antecesora, Dayana Mendoza, parecía presagiarlo. «La meta es que una Miss Universo venezolana corone a otra Miss Universo venezolana», declaró entonces Dayana Mendoza. Y así fue.
Pero hasta entonces, las horas se hicieron interminables en la «Quinta de los abuelos», la casa que Emilio y Celia construyeron en Saiáns y en la que fijaron su residencia cuando regresaron definitivamente a Galicia, en el 2001, tras 45 años en Venezuela. Desde la otra punta del Atlántico, donde vive gran parte de la familia, llegaban las primeras felicitaciones, aunque el júbilo se sintió igualmente en todo Nigrán, donde Stefanía tiene también un nutrido grupo de parientes.
Estudios en EE.UU.
Las aptitudes y cualidades de la joven le valieron el título oficial. Pero sobre las que aún no se vieron en cámara, aunque quedaran sobradamente manifiestas, saben bien sus abuelos: «Ya desde pequeña le gustaba desfilar, así que, aunque estudió su bachiller, hizo también modelaje y vivió un año en EE.??UU. para aprender bien inglés», señalan. «Es bonita y elegante, pero, sobre todo, muy cariñosa. Tiene aquella dulzura que yo no sé...», afirma Celia sin olvidarse de sus otros nietos. Porque «tengo trece y dos bisnietos, y son todos así de guapos».
«Esa es mi nieta», tuvo que repetirse al ver a Stefanía en todas las noticias de televisión. Es posible que muy pronto se lo pueda decir en persona. Y, esta vez, en Nigrán.