Una asociación centra sus esfuerzos en recuperar por toda Galicia los juegos de los niños «predigitales»
SOCIEDAD
La Asociación Galega do Xogo Popular e Tradicional se toma muy en serio la recuperación de los juegos con los que se entretenían los niños predigitales. Del trompo a las canicas, pasando por los tirachinas o el aro, su misión es no dejar un solo juego sin registrar, y para ello se dedican a peinar Galicia y a alimentar una base de datos que tiene un gran valor.
Desde la entidad señalan que los juegos populares «son a manifestación máis xenuína da cultura dun país». Y que, aunque muchos sean comunes con otros territorios, «o xeito de xogar e máis a capacidade do pobo de adaptarse á súa contorna, así como a súa peculiar visión do mundo, é o que lles infire ese carácter diferencial e propio».
Una obligación para el futuro
Para la asociación, conservar los juegos populares y demás manifestaciones culturales es un deber, y transmitirlos a las generaciones futuras, una obligación.
El amplio catálogo ya rescatado por este colectivo establece, a partir de los juegos, las distintas etapas evolutivas de la persona y los objetivos que se consiguen con su puesta en práctica. Así, hasta los tres años, aparecen actividades que sirven para aprender a escuchar y a dialogar; para conocernos a nosotros mismos y a nuestro medio; a andar y a apropiarnos del mundo. Es la etapa de juegos como el tacatá o el caballo de madera.
Las muñecas y muñecos entrarían en la etapa de tres a seis o siete años, cuando el juego popular tiene como fin la construcción de la solidaridad. El tirapedras se encuadra en la etapa de seis a catorce años, cuando el juego se utiliza para conocer el mundo, aprender a sobrevivir, a transformar la naturaleza y a aprender las reglas. Predeportivos y sedentarios (el juego y la confrontación con el mundo), los juegos de trabajo y competición y las actividades sosegadas, en la vejez, completan un extenso catálogo de actividades que no deberían desaparecer víctimas de las vídeoconsolas.