«De tanto cuidarlo, me llegué a quedar en los huesos. Al final, casi me voy yo antes»

SOCIEDAD

Dentro de seis meses, el padre de José Manuel Boedo cumplirá 90 años, aunque en los últimos seis ha ido dejando en el camino muchos recuerdos. Fue en el 2003 cuando su hijo comenzó a pensar que le ocurría algo, y después de ir al médico de cabecera, «y esperar casi un año a que lo atendiera un neurólogo», le diagnosticaron alzhéimer.

La muerte de su hermana hizo que el estado de su padre se fuera agravando todavía más, hasta el punto de que había creado una dependencia total de José Manuel Boedo, que no podía separarse de él durante las 24 horas del día. «Y, de tanto cuidarlo, me llegué a quedar en los huesos. Al final casi me voy yo antes». Decidió entonces solicitar la ayuda de dependencia para poder meter a su padre en un centro de día durante varias horas, pero los trámites burocráticos para que finalmente lograra ingresar el dinero se demoraron durante más de un año y medio, y «aunque algo es algo, no es suficiente» para correr con todos los gastos; y, sobre todo, con el trabajo que supone dedicar todo el día y la noche a atender a una persona que necesita tanto cuidado.