La dieta baja en calorías no solo ayuda a prevenir enfermedades, sino que prolonga la vida y retrasa el envejecimiento, según un estudio realizado con monos divulgado ayer por la revista Science.
Durante 20 años, un equipo de investigadores de Wisconsin estudió el impacto de distintas dietas en un grupo de monos rhesus de entre 7 y 14 años, y llegó a la conclusión de que evitar el exceso de calorías por un período prolongado puede incrementar la longevidad.
Según Richard Weindruch, profesor de la Escuela de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin, una dieta nutritiva, pero baja en calorías, que podría aplicarse también al hombre, reduce la posibilidad de enfermedades vinculadas a la edad, como el cáncer, la diabetes, los trastornos cardiovasculares y la atrofia cerebral.
«Hemos logrado demostrar que una restricción calórica puede frenar el proceso de envejecimiento en la especie primate», señala Weindruch, quien dirigió el estudio, financiado por el Instituto Nacional de Geriatría.
Entre 1989 y el 2009, el equipo estadounidense observó que la supervivencia de los monos a los que se permitió comer libremente fue de un 50%. Sin embargo, un 80% de los que consumieron la misma dieta, pero con un 30% menos de calorías, todavía sobreviven, según la publicación científica.
Por otra parte, la incidencia de tumores cancerosos y enfermedades cardiovasculares en los monos a los que se limitó el nivel de calorías fue de menos de la mitad de los que consumieron una dieta libre. «Además, hemos visto una prevención completa de la diabetes», indicó el científico.
En el Centro Nacional de Investigación de Primates, en Wisconsin, los resultados de la larga investigación son visibles en las jaulas de los monos que participaron del estudio. Matthias , un primate de 28 años, se ve cansado, está perdiendo pelo, tiene muchas arrugas en la cara y un abdomen prominente. Rudy , su vecino, es mayor, y en cambio tiene la piel más vitaminada, está más delgado y su temperamento es más festivo.
La obvia diferencia entre Matthias, que creció siendo alimentado según una dieta tradicional, y Rudy , que ha ingerido un treinta por ciento menos de calorías en las últimas dos décadas que su vecino, ha llevado a los investigadores a pensar que la restricción calórica puede ser más eficaz incluso que el ejercicio.
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