África en la memoria de los mercedarios del convento de Poio

Julia Castro

SOCIEDAD

Religiosos y misioneros analizan sus propias vivencias en un encuentro intercultural que durará diez días

10 jul 2009 . Actualizado a las 03:05 h.

Pablo Ruiz de Escudero lleva como misionero en África desde 1968. Estuvo en diferentes destinos del continente, algunos marcados por la guerra y la masacre. Comenzó su estancia en Burundi. «El presidente del país quería que los obispos formasen parte de su partido político y lo apoyasen. Al negarnos, no quiso renovarnos el permiso de estancia y tuvimos que marcharnos», recuerda ahora en Poio Pablo Ruiz.

Las misiones en países del Tercer Mundo son algunos de los temas tratados en el monasterio de Poio. Durante diez días se reúnen diversas personalidades de la Orden de la Merced con el objetivo de la realización del 32.º Capítulo Provincial.

El maestro general residente en Roma Giovannino Tolú explica en qué consiste: «Nos reunimos cada tres años para supervisar temas de años anteriores y planear las previsiones futuras». Estas reuniones sirven para conocer el desarrollo de las diversas comunidades de la orden, ver problemas que hayan surgido en la vida religiosa y encontrar soluciones.

Allí, el delegado provincial, Pablo Ruiz de Escudero, recuerda su pasado en África. Al ser expulsado, viajó hasta Ruanda, donde permaneció hasta el genocidio de 1994. En aquel país, fue testigo de los fusilamientos a la población. Los misioneros ayudaron a las religiosas de la zona a salir del país. «En pleno genocidio en Kigali, la capital de Ruanda, nos encontramos con un convoy de la Cruz Roja que llevaba a un chico herido. La furgoneta estaba en manos de un comandante que nos llevó con ellos y fue abriendo las barreras de la zona. Sin duda, fue un milagro». Tras lo acontecido, Pablo Ruiz viajó entonces al Congo Democrático, donde ayudó a los refugiados con la asistencia de Cáritas europeas dirigidas desde España. «Intentamos ayudar en todo lo posible, pero llegó la guerra y tuvimos que marcharnos». Tras el Zaire, llegó el último destino: Camerún. Allí se encuentra como misionero actualmente.

Religiosos y misioneros cambian su país natal y viajan por el mundo ayudando a los necesitados. Están expuestos al peligro, pero su devoción les hace seguir adelante en situaciones difíciles.

Compromiso y mejoras

En Camerún también se encuentra el religioso Pierre Kaziri. Para conseguir el desarrollo del país, Pierre cree que, principalmente, «debe darse una estabilización de las instituciones que garanticen la paz, conseguir un buen gobierno».

La educación es una de las necesidades primordiales para permitir el desarrollo de la población. Además, es necesario conseguir una buena alimentación y la mejora de los sistemas sanitarios.

Aunque existen grandes dificultades, siempre quedan momentos de simpatía, que hacen reflexionar con el corazón. Pierre lo ve así: «Por las calles están los niños jugando, y cuando voy conduciendo me pregunto quién tiene prioridad. Entonces me doy cuenta que son ellos quienes tienen preferencia. Están en su derecho».