La parroquia de Sabucedo completó ayer con un espectacular encierro en el curro -ante 1.500 personas- sus fiestas de la Rapa das Bestas. Las más antiguas y espectaculares, y las que mejor guardan los secretos del hombre para doblegar la fuerza bruta del caballo, a base de fuerza física y técnica.
Como cada año, el público no perdonó su cita y acudió de forma masiva al día grande de la rapa. Aunque no se puede decir que la declaración de fiesta de interés turístico, hace dos años, y los apoyos institucionales provoquen un incremento de afluencia al curro. Eso sí, Sabucedo ofrece otros atractivos, y en la romería que dura tres días participan miles de visitantes.
Los jóvenes, esta vez, quisieron ser los protagonistas del encierro de ayer en el foso. Una nueva generación de aloitadores que ofrecen a los más veteranos el relevo generacional -procedentes de distintas parroquias- se han ido incorporando en los últimos años.
La nueva quinta, con sed de conquista, demuestra que ya se encuentra preparada para la jubilación de los Touriño o los Obelleiro -César, Jorge o Roi-, que ya les han pasado el testigo y secretos a Santiago, Carlos, Javier, Felipe y otros entusiastas de la rapa. Las mujeres también se animan.
Hasta tres o cuatro chicas empiezan a ser habituales en el foso, algunas incluso participando en el acoso físico que pretende inmovilizar a los caballos para poder cortarles las crines o derribarlos al suelo si es necesario.
Durante la jornada de ayer se quiso homenajear al veterano aloitador de 62 años que falleció el sábado, por un infarto, cuando reunía los caballos en el monte. Será enterrado hoy al mediodía en Sabucedo, aunque residía en Madrid. Al comenzar el encierro se guardó un minuto de silencio que hasta los caballos parecían respetar, y al acabar uno de los Touriño le dedicó su última faena, con un «vai por ti, Luis». Toda la actividad del día de hoy fue suspendida.
Dos horas y 150 caballos
La rapa duró dos horas, con 150 caballos encerrados y docena y media de aloitadores empeñados en poner emoción, brillo y adrenalina en el foso y el graderío. También se cumplió el rito, al inicio del acto, de presentar a algunos niños de la zona, futuros aloitadores, separando a los potrillos.
La batalla en el foso siguió las pautas y las técnicas ancestrales. Una vez que se elige un caballo, uno de los jóvenes salta sobre su lomo, agarrándose a las crines. En ese momento, otro aloitador apresa al equino por la cabeza, mientras un tercero lo sujeta por el rabo. Es, precisamente en ese momento, cuando el primero completa un cruce de cuatro brazos en la cabeza, que sirve para convencer al animal de que de nada le sirve resistirse. Ayer, se apreció bien cómo algunos veteranos corregían movimientos a los jóvenes. No faltaron los saltos desde un muro de ?dos ?metros para sorprender al animal desde arriba, ni los habituales revolcones que acaban con costillas, muñecas y rodillas maltrechas.
Cuanto más resiste el caballo, más peligro hay y más éxtasis respira el público en el curro. El final fue especialmente dramático, pero el Santo estuvo al quite. Uno de los aspectos que más llamó la atención fue la asistencia de más de un centenar de profesionales de medios de comunicación, además de setenta fotógrafos que participaron en el premio de fotografía.