Curro de luto en Sabucedo

F. S. Cordón

A ESTRADA

San Lorenzo, patrón de Sabucedo y protector de los jóvenes que se encierran con los equinos en el foso y de los protagonistas de la rapa en general, tiene una merecida fama de ángel de la guarda. Nunca había fallado desde que se tiene conocimiento escrito de la fiesta. Pero ayer, por un agujero de su capa protectora, se escapó el alma del primer aloitador conocido que muere durante las fiestas, Luis Álvarez Bouzas. Con 62 años y dos hijos que continúan su tradición, participaba ayer desde la madrugada en las tareas de reunir y bajar a los animales del monte -suelen encerrar estos días al 80% de los 600 caballos sueltos- cuando, al mediodía, un infarto acabó con su vida. En su grupo se incluía un médico que no pudo reanimarlo. Sus compañeros querían dedicarle el encierro de la tarde, que se inició a las ocho, y en homenaje eliminaron alguna actuación. También hoy se suspenden en su recuerdo los actos de música y mañana no habrá curro, todo será mucho más íntimo.

Lo que no hizo la organización fue suspender la fiesta que se celebra en el lugar menos poblado del municipio pontevedrés de A Estrada, en Sabucedo, un lugar en el que viven sesenta personas durante el invierno. El primer encierro comenzó ayer a las ocho de la tarde. Tras guardar un minuto de silencio se prolongó hasta las diez y, como siempre, solo hubo un par de sustos -una costilla rota y una conmoción en la cabeza sin más consecuencias-. Hoy, desde las doce del mediodía, habrá otra rapa, la más concurrida, turística y espectacular.

Los que acudan por primera vez a esta ancestral fiesta han de saber que si llega al curro después de las once u once y media quizá no encuentren entrada. Y no existe la reventa. En el recinto, se encontrarán dentro de una especie de plaza de toros, de piedra y muy pequeña, con un foso donde más de 150 caballos apenas dejan espacio para una veintena de aloitadores , los jóvenes de la parroquia que van a llenar el aire de adrenalina en una dura y noble batalla hombre-animal, en la que los garañones parecen generales hasta que alguien salta sobre ellos. Hasta cuatro aloitadores se precisa en cada intento de reducir o inmovilizar al animal para el corte de las crines. Si el caballo se resiste mucho, acabarán todos en el suelo, pero la batalla tiene un mismo vencedor.

La rapa es algo más que el encierro en el curro. Es una gran romería en pleno monte, con centenares de tiendas de campaña y miles de romeros dando vida a la parroquia.