El congreso de ginecología que se celebra en Barcelona aborda los aspectos psíquicos de las enfermedades, y descarta la vinculación entre serenidad y fecundidad
18 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hay mujeres estresadas que se embarazan y otras felices y tranquilas que no lo hacen. El mito de que una mujer serena tiene más posibilidad de concebir un bebé no tiene base científica, dicen los médicos: «La tranquilidad no es un tratamiento de fertilidad», en palabras de Javier Marqueta, especialista del Ibilab de Mallorca.
Para este experto, «no está demostrado que ningún trastorno psíquico (sea depresión, estrés o cualquier otro) cause infertilidad». Lo que sí acepta el doctor Marqueta es que la falta de fertilidad lleve a procesos depresivos y estos «influyan en la sexualidad y en la frecuencia de las relaciones», lo que sí afecta directamente a la fertilidad.
La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (Sego) celebra estos días en Barcelona su 30.º congreso, y dedicó las ponencias de la mañana de ayer a los aspectos psicosomáticos de las dolencias. Los problemas que se acumulan en las parejas que buscan un bebé fueron analizados en una conferencia. Y en ella sí se reconoció que posiblemente la mitad de las parejas que se sientan en una consulta sobre fertilidad «traen una carga emocional importante».
Marquina cree que cuando una pareja quiere tener un hijo y no lo consigue, comienzan las dudas, que, finalmente, erosionan a las personas: «Lo primero que se preguntan es si estarán sanos, después si han hecho algo que les ha pasado factura ahora, más tarde se sienten culpables, después inseguros y con esto llega la pérdida de autoestima». Da igual que no haya un «responsable» claro porque ambos se sienten mal por ellos y por cómo ven a su pareja.
A todo esto se suma «el hecho social», las familias, los amigos, los compañeros de trabajo que preguntan cuándo van a ir a por el niño... Todo eso pesa mucho en las parejas y puede tener serias consecuencias a medio y largo plazo. Lo curioso es que «muy pocos se lo expresan al médico. No se exterioriza, es la absoluta negación». La infertilidad, recalcan los especialistas, sigue siendo algo privado.
Frente a esto, hay dos escuelas: los médicos que mandan a todos sus pacientes a una consulta psicológica y los que solo envían a quienes así lo solicitan. «Los primeros pecan por exceso -apunta Marquina- porque no todo el mundo necesita ese apoyo; y los segundos, por defecto». Frente a estas tendencias, cada vez más ginecólogos son partidarios de preguntar: «Hay que preguntar a las mujeres cómo se sienten, si se encuentran bien, si duermen tranquilas, si sufren...», y muchas responderán «abriendo la caja, no la de los truenos, sino la de los llantos».
Paciencia y tenacidad
Los médicos, dicen las nuevas escuelas, deben apoyar a las parejas para que sigan al mismo ritmo: «Estos procesos ponen a prueba a las parejas, separan sus objetivos. Para uno de los dos es suficiente, y el otro quiere seguir. Nuestro papel debe ser conseguir que sus ilusiones y deseos vayan en paralelo». Cuando una pareja tiene claro dónde está su objetivo es mucho más tenaz y paciente, y «esa persistencia le favorecerá para alcanzar el éxito».
Lo que recomendaba Javier Marquina es que los médicos estén muy atentos a los signos que esconden los problemas de la pareja y que la acompañen, incluso en el parto: «Parece un paso, pero es un momento psicológico muy sensible en la relación de la mujer con su hijo y también del padre, y se le presta muy poca atención».