El presidente Sarkozy proyecta convertir París en un puerto de mar

Esperanza Suárez

SOCIEDAD

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, no se prohíbe nada para reformar la capital, una de las joyas del país. El plan que lanzó ayer supone su ampliación geográfica al conjunto de la región hasta convertirla en puerto de mar. El Gran París que sueña el presidente de la República conciliará la ecología y el urbanismo y, a pesar de los treinta y cinco mil millones de euros que costará, será una de sus recetas para superar la crisis económica.

Sarkozy ha buscado inspiración en las reflexiones de diez arquitectos famosos que le han presentado otros tantos proyectos compatibles entre sí. El eje de su plan es el presentado por Antoine Grumbach, que lleva los límites de la capital hasta la misma desembocadura del Sena y la conecta al puerto de Le Havre.

Un tren de alta velocidad permitirá llegar a la orilla del mar en una hora mientras el río servirá para recorrer «el valle de la cultura»; nuevos «trenes verdes» comunicarán en líneas circulares municipios ahora casi aislados entre sí, con vías elevadas entre jardines verticales; el metro cubrirá 134 kilómetros, será totalmente automático y funcionará las 24 horas; un millón de nuevos árboles reducirán en Roissy las molestias y la contaminación del aeropuerto Charles de Gaulle?

Este proyecto faraónico empezará a materializarse en el 2012 y que se financiará básicamente gracias al terreno urbanizable y la construcción anual de setenta mil nuevas viviendas. Nicolas Sarkozy calcula que hay 200 kilómetros cuadrados en la región susceptibles de recalificación. Y si «el problema es la reglamentación, hay que liberalizar la oferta y desreglamentar», dice el presidente.

Para ello presentará durante el próximo mes de octubre un proyecto de ley que definirá además el papel de las distintas administraciones en la ejecución del plan, para el que espera contar con el apoyo de los alcaldes socialistas, el de París el primero.

Todo para que «la ciudad más hermosa del mundo», la «heredera de Jerusalén, Atenas y Roma» pueda «rivalizar con Londres, Tokio y Shanghái» y convertirse en modelo a imitar «por arquitectos y alcaldes», en palabras de Sarkozy. Para el presidente francés, este es el mayor desafío de la política del siglo XXI.