«Cuando tenía 4 años, en una semana pasó de distinguir el pa, pe, pi, po, pu, a leer perfectamente. Era algo impensable». Este fue uno de los indicios que hizo pensar a una pareja de A Coruña que su hijo era algo diferente al resto. Estos padres, que prefieren ocultar su identidad para no perjudicar al menor, ya comenzaron a notar que su niño era distinto a su hermana mayor desde que nació. «Las cosas que hacía de bebé, cómo te miraba, cómo se reía... Hacía travesuras de un niño de 4 o 5 años, cuando solo tenía 2. No te cuadraban las cosas que hacía, porque no iban mucho con su edad», dicen.
Para salir de dudas, cuando el niño tenía 6 años le pidieron a la psicopedagoga del centro en el que estudiaba que lo analizara, «y su informe decía que era un niño hiperactivo y consentido». Estos padres no se quedaron satisfechos con este diagnóstico, porque tenían otra hija «a la que le dimos la misma educación, y siempre fue considerada una alumna ideal». Entonces, descubrieron que la Xunta dispone de un grupo que evalúa a los niños potencialmente superdotados. «Primero vino una persona para saber si el niño era hiperactivo, y como no lo era, vino su compañero que certificó que era un niño con alta capacidad», explican.
Debido a la normativa vigente, la Xunta dio orden al colegio para que hiciera una adaptación curricular acorde con las necesidades del menor, aunque en la práctica el niño recibe la misma formación que el resto de alumnos de su edad. La consecuencia es que se aburre en clase, y no quiere hacer las fichas y los exámenes, «porque para él no son de pensar, y ve como el resto de compañeros tienen que pensar y él no lo necesita». Los padres consideran que existe una falta de preocupación desde el colegio, «y lo peor de todo es que el niño está sufriendo».