Desde una crisis que nadie cuenta

SOCIEDAD

Nacho Arteche coordina las emergencias de Save The Children en Asia. Solo en Filipinas, relata, el conflicto armado desplazó el año pasado a 375.000 personas

02 feb 2009 . Actualizado a las 15:08 h.

La atención internacional va marcando su agenda a golpe de titular en los periódicos. Pero hay algunas crisis que difícilmente encuentran su sitio en los medios. «Yo escribo desde una crisis olvidada», dice por correo electrónico, a modo de presentación, Nacho Arteche. Cuando estas líneas se publiques, este coruñés estará rumbo a Birmania. Entre este país y Filipinas lleva una larga temporada coordinando los proyectos que la organización de ayuda a la infancia Save The Children mantiene en el sudeste asiático.

Lo que a diario ve con sus ojos espanta, al menos en su base, en la ciudad «caótica» de Cotabato, en medio del conflicto armado que azota Filipinas, «con difícil solución, como todas las crisis en las que la religión se enraíza como una de sus causas». «En Cotabato, el vecino se pasea con uniforme militar, metralleta al hombro, cinta de Rambo sobre su frente y un cinturón o tirantes hechos con proyectiles; aquí en los paragüeros de los bares descansan fusiles Ak-47, a partir de las ocho de la tarde nos está prohibido salir a la calle y durante el día te dan permiso a arriesgarte a salir».

Entre todo eso, trata de llevar adelante los proyectos que tiene a su cargo. «Las medidas de seguridad que nos rodean hacen más complicado el trabajo», relata. Y los trabajadores humanitarios están exentos: «El secuestro se ha convertido en una fuente de ingresos para muchos delincuentes oportunistas y organizaciones terroristas como la milicia musulmana de Abu Sayaf, vinculada a Al Qaida por EE.?UU. y presunta autora del secuestro de tres trabajadores humanitarios del comité internacional de la Cruz Roja, rapto casi tan olvidado como la propia crisis que asola esta isla, no he visto noticias de ello».

Su tarea, cofinanciada por la UE, está vinculada a la protección de menores y afectados por esa guerra interna. «En la actualidad -detalla- al menos unos 4.500 niños se benefician de este programa en las provincias de Lanao del Norte, Cotobato y Magindanao».

¿Es posible que todo eso mude, que sea posible otro mundo, como defienden muchas organizaciones? El propio Nacho se hace esa pregunta y no encuentra una respuesta certera en medio del crac al que asiste: «No sé si otro mundo es posible, sinceramente no tengo ni idea, pero nosotros sí podemos cambiar, al menos podemos mostrar interés y seguro que ese interés cambiará algo, pasiño a pasiño se anda o camiño».

«Dicen que las crisis olvidadas son aquellas a las que a nadie importan y sobre las que nadie actúa en consecuencia, y si es así, si la simple ayuda es insuficiente, debemos trabajar para que a todos nosotros nos interesen, nos importen y así algún día dejen de ser olvidadas, aunque seguramente seguirán siendo crisis, pero seguro que disminuiremos su impacto sobre personas que tienen nombre y apellidos, miedos y sueños, y cuyo único delito para vivir con tanto sufrimiento fue nacer en una crisis olvidada», concluye.