La firma Eco-Boudoir crea bragas y sujetadores ecológicos
Después de la alimentación, los cosméticos, la ropa de calle y tantos otros sectores, la moda bío llega ahora a la lencería, que propone bragas y sujetadores ecológicos, lo que no les impide ser sexis.
«¿Si no sabes lo que hay en tus bragas, debes utilizarlas?», planteaba un fabricante en una película proyectada en el salón internacional de la lencería, que cerró sus puertas el miércoles en París. La marca inglesa Eco-Boudoir quería llamar la atención sobre una industria que sigue siendo sumamente contaminante. La firma argumenta las consecuencias ecológicas nefastas de la fabricación de lencería en términos de emisiones de gas carbónico, de consumo de agua y de utilización de pesticidas en las cosechas de algodón.
La lencería y el loungewear (las prendas para llevar en casa) incorporan cada vez más la preocupación ecológica. Pero, en vez del tono descuidado que prevalecía en los años setenta, hoy se asume la sofisticación, con acabados delicados y forma sexi.
«Hoy, se puede ser verde con glamur», afirma Karine Lebreton, del gabinete de estilo Promostyl. Es en todo caso el credo con que se presenta Eco-Boudoir: «Quisimos crear una colección de lencería completamente natural, ecológica, que sea sana, bella y sexi, y que rompa todos los prejuicios sobre el desarrollo sostenible», expone su fundadora, Jenny White. La marca propone bragas, sujetadores y delicadas combinaciones que no se diferencian a primera vista de los otros modelos expuestos en el salón. La diferencia está en su composición: solamente contienen seda, bioalgodón y fibra de bambú o de madera.
Las prendas son fabricadas en Gran Bretaña para evitar la contaminación del transporte, y los estampados se realizan con un procedimiento con menos agua que los métodos tradicionales.
Bioalgodón
Por su parte, Jina Luciani, que creó la marca Occidente hace siete meses, propuso en Londres prendas de algodón biológico procedentes del comercio justo y coloreadas con tintes respetuosos con el medio ambiente. La pequeña firma fabrica conjuntos de ropa interior bordados de encaje, leggings y pijamas de colores suaves y con botones de madera reciclada. Una moda «más graciosa que sexi», dice Jina Luciani, cuya prioridad es la comodidad.
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